Los historiadores y filósofos tienen maneras diferentes de procesar lo mismo. Si bien ambos buscan lo esencial, su manera de hacerlo estará condicionada por los valores de su respectiva disciplina, dando resultados para nada iguales.
La falta de interpretación tiene una de las principales muestras de consecuencias, como lo fue la gran indiferencia por el desarrollo científico desde 1750, período en el cual la ciencia asumió su papel principal de importante motor histórico.
En cuanto a la historia externa, se ha intentado ubicar a la ciencia en el contexto cultural de tres formas, siendo la más antigua el estudio de instituciones científicas. El interés por las instituciones y por las ideas se entrelazan, dando el tercer enfoque y el más moderno.