Hoy fue un pibe de unos 19 años a comprar con la abuela de +70. La señora preguntó cuanto sale la pastilla del día después, si hace efecto después de un día y la pagó.
"sos una genia abuela"
🚨 TIENE PERIMETRAL, LA PERSIGUE Y SE LE CUELGA DEL AUTO
- El hombre ya fue denunciado y tiene restricción perimetral
- Se le colgó del auto al grito de "sos mía o de nadie"
📍 Concepción | Tucumán
"En Argentina no es que te achican el nombre, te acortan la distancia". Amo las miradas de los extranjeros sobre nosotros, siempre hay algo nuevo. Buen día.
Alberto Fernández : "Tamara pettinato no era mi amante, era una amiga, casada con un funcionario mío. La invité de noche a que me entreviste, la sente en el sillón presidencial y le pedí que me diga algo lindo porque tenembaun me habia maltratado"
Dejá loco, no te esfuerces más
Esto no es una anécdota menor: es una radiografía de un país moralmente invertido. Delfina Rossi, hija del privilegio, heredera de una casta que nunca produjo más que discursos, cobra veinte mil dólares por dirigir un banco público. Diez veces más que el Presidente, diez veces más que un ministro, diez veces más que el médico, el maestro o el colectivero. No es un desliz administrativo: es el retrato de una élite que habla de igualdad mientras cena con champagne.
El progresismo argentino se volvió una tragicomedia: los que dicen defender a los pobres viven como nobles y los que intentan ordenar el caos son acusados de tiranos. Buñuel lo filmaría en El discreto encanto de la burguesía: funcionarios hablando de justicia social mientras los mozos cobran en cuotas y levantan las copas de quienes brindan por los pobres.
Rossi no es un caso aislado; es el símbolo de un sistema que premia la obediencia partidaria y castiga el mérito. Mientras Milei soporta el fuego cruzado, ella cobra veinte mil dólares por representar la estética de la revolución rentada. Y el silencio es atronador: ni feministas, ni intelectuales, ni periodistas progresistas se escandalizan. La moral selectiva del kirchnerismo es perfecta: sensibilidad para los discursos, ceguera para los sueldos.
Cortázar habría dicho que los cronopios siguen esperando que los famas repartan la justicia prometida, pero los famas se quedaron con la billetera.