Este es Joe Thompson, un yankee que está hace rato haciendo videos de comida de Argentina. En Instagram lo encuentran como @foodtraveltoilets
Hoy subió este video. Crack.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)
🧨 Nelson Castro:
🔥 “Es tremendo estar en manos de MENTIROSOS y DELINCUENTES. Adorni, un mentiroso y un delincuente; Sturzenegger, un evasor y un mentiroso. Y el colmo de la Argentina: que esté a cargo de la AFIP alguien que evade impuestos. Hasta el Presidente es un MENTIROSO.”
Mi mamá y mi hermana tienen su emprendimiento en el que lo están dando todo. Lanzaron esta propuesta mundialista con regalo incluido.
Necesito que rt y compartan para que le llegue a gente de mar del plata y Santa Clara del mar. Me ayudan? 🤍🇦🇷✨🧉
https://t.co/knSfPFNm5a
Milei dijo sobre el aborto: “La sociedad argentina hizo un desastre. Para que vos tengas semejante caída en la tasa de reproducción, vos hiciste un desastre. Acá hay un genocidio. La señora Plager es cómplice de todos esos asesinatos, y no solo eso, esa sorete...”.
De verdad tenemos que replantearnos todo. Esto ya no pasa por ideologías ni por posiciones personales frente a determinados temas. Un presidente puede estar a favor o en contra de una ley, puede discutirla, criticarla o proponer su modificación. Lo que no puede hacer es llamar “genocidio” a un derecho reconocido por la ley, acusar de “asesina” a una periodista en plena entrevista y degradar el debate público al nivel de una agresión personal.
Además, reducir la caída en la tasa de reproducción a la ley del aborto, desconociendo todos los otros factores que inciden en ese fenómeno, demuestra el nivel de precariedad intelectual con el que razona. Las parejas tienen menos hijos por múltiples razones, que van desde las económicas, laborales, culturales, habitacionales, hasta personales y generacionales. Ignorar todo eso para acomodar la realidad a su fanatismo no es pensamiento crítico. Es prejuicio disfrazado de diagnóstico.
Milei no tiene ningún límite institucional, humano ni democrático. Y eso, en un presidente, es una señal de deterioro gravísima para nuestro país.
El día que deje de pagar la gigantezca cantidad de guita que pago en impuestos voy a dejar de reclamar cómo quiero que el Estado administre esa plata. Mientras tanto voy a tratar de ejercer mi derecho para expresar que quiero que mi impuestos eleven la calidad de vida de quienes no tienen mi suerte: la de poder darme los lujos que me doy. Por eso NO me quejo de los impuestos (que se llevan MAS QUE YO!) por lo que hace la banda, porque yo pago como si fuera la Barrick Gold o Mercado Libre pero sin beneficios impositivos que ellos tienen, SINO que me quejo de como se utilizan. Porque sigo pensando que que un pibe pueda operarse gratis en un hospital o que mi mujer haya podido recibirse de arquitecta viniendo de una familia sin plata para pagar una universidad... hace que YO pueda vivir en una mejor sociedad.
Permitime expresar qué carajos quiero que se haga con mis impuestos sin tener que escuchar esa pelotudes básica de "ahora quiero que te operes en la peor salita pública ehhh".
Que no les de bronca que un tipo que gana plata como yo elija que sus impuestos vayan a salud y educación. Les tiene que dar bronca que un tipo que gana plata solo se queje de que paga impuestos mientras es el hombre más rico del país y ni sus tataranietos pueden gastar la que tienen. Que no les de bronca que algunos, a pesar de lidiar con nuestra avaricia natural, podamos decir "loco quiero que el que no puede curarse o estudiar pueda hacerlo". No soy creyente pero sí creo en ciertos valores cristianos. Me importa el prójimo y la sociedad en la que vivo. No estoy pidiendo sacamos los impuestos y poné educación y salud gratis. No estoy siendo demagogo. Estoy siendo una persona razonable que dice: quiero que mis impuestos vayan a salud y educación. Si con esto no ves el punto y no logro que entiendas mi posición, me rindo porque entonces es fanatismo ideológico y contra eso la razón nunca vence.
DOS BIOINGENIERAS CREARON UNA IA QUE PASA DE DETECTAR MUTACIONES DE CÁNCER EN UNA BIOPSIA EN UN MES A CINCO MINUTOS
Ana Gorodisch y Martina Belluomini son de Buenos Aires. Se recibieron de bioingenieras en el ITBA en 2023. Para su tesis de grado desarrollaron un algoritmo de inteligencia artificial que analiza imágenes de biopsias tumorales y detecta mutaciones genéticas invisibles a simple vista. En 2024, lo presentaron en el congreso de la American Society of Clinical Oncology. Ahí vieron que la necesidad era real y que nadie estaba desarrollando algo similar localmente.
En 2025 fundaron Kuvia. La tecnología toma la imagen de una biopsia tumoral, que ya se obtiene de rutina en cualquier paciente oncológico, y detecta en cinco minutos los biomarcadores que definen el mejor tratamiento, sin insumos adicionales. Hoy ese proceso puede tardar hasta un mes y no está disponible en todos los centros médicos.
Desarrollaron un producto para detectar un biomarcador clave en el cáncer de colon y endometrio, entrenado con los primeros datos de patología digital del país y en validación en más de cinco instituciones. Una de ellas es Biogenar, un laboratorio de anatomía patológica ubicado en Buenos Aires.
Fueron seleccionadas en Transformar Salud, la iniciativa de la Fundación Garrahan y Roche, para desarrollar una IA orientada a cáncer pediátrico. Y el Harvard Health Systems Innovation Lab destacó su solución entre los desarrollos globales de IA en salud.
Hoy son cuatro en el equipo: Ana como CEO, Martina como CTO y dos data scientists. Colaboran con un laboratorio de diagnósticos en Estados Unidos y están en conversaciones para llegar a Brasil.
"Queremos usar nuestra tecnología no solo para generar diagnósticos más rápidos y económicos, sino también para desarrollar nuevos diagnósticos que hoy no existen"
Se te hace un nudo en el estómago cuando escuchas declaraciones así. Mada más que admiración a las mujeres que se animan a alzar la voz y no callar más.
Magui Videla, otra denunciante más.
SORTEO PICOTEO!!
Para mi el 14 de febrero es mas que el día de los enamorados, es el cumple de mi ABU JOVITA, así que para recordarla sale ese sorteo!
3 cajas mixtas de nuestros nuevos PICOTEOS (3 PREMIOS de una caja con envio a todo el país!)
Como siempre, seguime, hace RT, y completa el formulario del siguiente posteo, sortea el 14 de febrero salvo que como la última vez se sumen mas premios! 😎💪🏻
Esta expresión es el ejemplo perfecto de querer corregir lo que no se entiende. Ni si quiera me detengo en que no esté a favor (que no sería un problema de verdad), sino que no lo entiende, que es peor.
No existe el “idioma inclusivo” (no es un nuevo idioma, el idioma es el mismo) aunque en algunos lugares (sobretodo los que se oponen a este lenguaje) lo usen como sinónimo.
Un idioma (o lengua) es un sistema de signos, es específico, concreto y estructurado que comparte una comunidad. Tiene reglas gramaticales y un vocabulario puntual. Ejemplos: alemán, inglés, español.
El lenguaje (que es exactamente de lo que se queja Eduardo sin saberlo) es una capacidad que tiene cualquier persona para expresar cualquier pensamiento e idea utilizando cualquier sistema de signos (verbal o no verbal). Ejemplos: che, mina, tipo, bondi, guita, todes. ¿Qué es lo que perturba a Eduardo de estas palabras? ¿Cómo es que estas palabras pueden provocar en Eduardo un terremoto psíquico? ¿Cómo puede alguien desregularse tan fácilmente? ¿Es el uso de “che” algo tan hiriente e importante en la vida de Eduardo?
Es entendible que expresen su descontento/rechazo con la inclusión de cualquier agente social al lenguaje que odien o desprecien, el rechazo a esta idea es evidente, no solo con un enojo ridículamente caprichoso y exagerado, sino con otras formas de rechazo a lo femenino o neutro, que son más claras a diario y durante toda la historia de la humanidad.
No hace falta hacer una performance de angustia gramatical, no hay ningún tipo de suspenso en esta lucha lingüística que hace que Eduardo califique como “idiota” a otras personas, sin saber que se lo dice a sí mismo al criticar lo que, está claro, no pudo aprender en la escuela ni en las redes que tanto habita, ya que hace (fácil) 20 años se usa y se explica el rol del lenguaje inclusivo en Argentina y en el mundo.
En Junio de 1976, el grupo ABBA (de pie, señores) lanzaba Dancing Queen en honor a la futura reina de Suecia.
48 años después, recibieron de ella la Real Orden de Vasa, en reconocimiento por su carrera musical.
Thank you for the music ABBA 🫶