Volví después de dos mil años.
Encontré políticos predicando, iglesias haciendo política, algoritmos decidiendo qué es verdad y personas peleando por tener la razón.
Veo que repartieron mis oficios mientras no estaba.
Tenemos que hablar.
<<Un hombre me oyó decir: «Amen a sus enemigos».
—Sí, Señor, pero usted no conoce a los míos.
Y empezó a explicarme que ayudar a un culpable era premiar su delito.>>
No. Protegemos a la víctima y llevamos al agresor ante la justicia. Si está herido, primero lo curamos. Eso no borra su crimen; evita que el crimen borre también nuestra humanidad.
En algo tiene razón: el samaritano ayudó a la víctima, no al asaltante. Pero yo también dije que hicieran bien a quienes los odian.
Esa parte del Evangelio, por lo visto, le resultó demasiado rocambolesca.
Un hombre salió a defender la Escritura. Llevó tres insultos en la mano y olvidó abrir el libro.
Allí habría visto que el matrimonio hace «una sola carne» (Gn 2:24), que existe el deber conyugal (1 Co 7:3-5) y que Marcos 6:3 llama «hermanos» a Jacobo, José, Judas y Simón. Lo que no dice es qué parentesco exacto tenían.
Había una interpretación que corregir, no una persona que apedrear.
En otra página estaba Mateo 5:22, advirtiendo contra llamar necio al hermano. Pero él ya se había proclamado «legítimo cristiano» entre «imbécil», «idiota» y «retrasado mental».
El verdadero Basilio escribió: «No devoras carne, pero devoras a tu hermano».
Tomó el nombre del santo y dejó sus enseñanzas en casa. La próxima vez, lleve el libro y deje las piedras.
Unos ciudadanos preguntaron si el Estado debía promover una devoción. Un creyente pudo responder; prefirió llamarlos patéticos.
Cuando uno lo contradijo, no multiplicó razones: contó seguidores.
Ya di una parábola de un fariseo que se creía mejor que los demás. Dos mil años después, otro repitió la escena en X: miró al prójimo por encima del hombro y usó sus seguidores como pedestal.
La plataforma es nueva. La soberbia, no. El argumento tampoco apareció.
Un hombre quedó medio muerto al borde del camino. El sacerdote pasó de largo. Quien se detuvo fue un samaritano, alguien que no era de los suyos.
No preguntó qué religión tenía. Vio que necesitaba ayuda.
Se puede empezar por los más cercanos. Pero si antes de ayudar piden la partida de bautismo, no entendieron la parábola.
El reino de Silicon Valley se parece a unos hombres que fabricaron una llave capaz de abrir cada vez más puertas.
Después fueron ante el rey: «¡Cuidado! Pronto los ladrones también tendrán una». Y le ofrecieron cerraduras nuevas para todo el reino. Por suscripción, claro.
El peligro era real. Y la salvación, qué casualidad, venía con factura.
Quien tenga oídos, que escuche. Y quien maneje plata pública, que lea la letra pequeña.
@SacerdosMariae Excelente costumbre. Pero no conviertan la cruz en un paz y salvo.
A los hijos también se les bendice escuchándolos, cuidándolos y pidiéndoles perdón cuando hace falta.
Dios escucha la oración. Los niños recuerdan el trato.
Primero el iPhone; ahora el Gobierno anterior. Todo le sirve menos hablar de los balones con propaganda.
El silencio de ayer no absuelve al Gobierno de hoy ni convierte esos balones en ayuda.
Usted cambia de excusa como de ropa. El problema sigue ahí; su respuesta todavía no baja del cielo.
Al ELN hay que combatirlo y someterlo a la justicia. Sin romanticismos.
Pero, ministro Lara, los refranes sirven para la sobremesa, no para gobernar. Usted ya no está en la tribuna: diga qué hará el Gobierno, cómo protegerá a los civiles y cómo sabremos si está funcionando.
Los aplausos no recuperan territorio.
Claro: vende el teléfono, alimenta a una persona unos días y, milagrosamente, el Gobierno queda absuelto de atender a miles.
Qué cómodo: el ciudadano sacrifica lo suyo y el presidente conserva la propaganda.
Vender el teléfono era fácil. Pensar el argumento antes de escribirlo, por lo visto, era la parte difícil.
Una frase puede estar equivocada sin borrar todo el bien que alguien ha hecho. Y hacer mucho bien tampoco vuelve correcta cualquier frase. No debería ser tan difícil entender las dos cosas.
Lo llamativo es ver a tantos guardianes del dogma reducir su trabajo con el barrio a «cosas de una ONG», como si acompañar al prójimo quedara por fuera del Evangelio.
Yo dije: «por sus frutos los conoceréis». No: «por un fragmento los borraréis».
Corrijan lo que dijo, claro. Pero no crucifiquen al hombre ni le caigan encima a quien recuerda lo que ha hecho. Si para dejar intacto el dogma hay que olvidar al prójimo, algo del Evangelio se quedó por el camino.
Padre Javier: una frase puede contradecir un dogma. Pero un fragmento solo muestra lo que el sacerdote dijo; no prueba que se aferre obstinadamente al error. Y sin eso no hay herejía formal.
Corrija la idea. Escuche al hombre. Después deje que juzgue quien debe hacerlo.
Yo enseñé a ganar al hermano. Usted reunió a la multitud y levantó la cruz antes de escucharlo.
Un pastor corrige para que el hermano vuelva. La turba solo necesita a alguien a quien señalar.
En verdad os digo: la conexión con la familia no justifica desconectarse del deber.
Un padre presente merece respeto. Un ministro ausente durante una emergencia de vivienda merece reproche. Defender al primero no absuelve al segundo.
Nadie le pidió abandonar a sus hijos; se le pidió aplazar un viaje mientras otras familias perdían sus casas.
También se educa cumpliendo el deber.
En verdad os digo: para leer el boletín tiene voceros; para impulsar su partido, publicistas. A usted lo eligieron para gobernar: decidir, ejecutar y responder.
«Destinaremos los recursos necesarios» no es un plan. Diga cuánto, cuándo y quién responde.
Buenaventura necesita presupuesto, cronograma y obras. Deje el show y muestre los frutos.
@AbelardoPTE Más balones, sí. Menos propaganda también.
En verdad os digo: el balón ayuda al niño; el logo ayuda al político.
Lo elegimos presidente, no impulsador de su partido.
Puede insultar y enumerar toda la gestión, el punto no cambia.
Médicos, medicinas y camas son obligación del Estado. Balones con el logo del movimiento del presidente son propaganda.
En verdad os digo: para repartir publicidad hay impulsadores; para leer boletines, voceros. A Abelardo le pagamos como presidente para dirigir la emergencia, no para hacer de ambos.
Que termine el comercial y se ponga a gobernar. La ayuda pública lleva el escudo de Colombia, no el logo de un partido.
Nuevo mandamiento de la tribu: no juzgarás a uno de los nuestros.
Polo Polo admite la falta y la absuelve por filiación política. Los errores del gobierno anterior no son indulgencias para el actual.
No hace falta ser infalible para exigir la misma vara: cuando el pecado es ajeno piden renuncias; cuando es propio, descubren la misericordia.
Nuevo mandamiento: santificarás el descanso familiar y pondrás música triste para que la falta de criterio parezca virtud.
Su familia merecía tiempo; las familias damnificadas merecían ministro.
El pastor predicó sacrificio. Como suele ocurrir, debían practicarlo los demás.
Amén.
Undécimo mandamiento: cubrirás la falta de criterio con música lastimera y bloqueador FPS 50.
Que la boda estuviera programada explica el viaje; no lo justifica. El permiso dice que podía irse, no que debía hacerlo.
El bloqueador cubre la piel; el permiso, la ausencia administrativa. Ninguno cubre la irresponsabilidad política.
Amén.
Mi Padre dejó un mandamiento: «No matarás». Ben-Gvir encontró la letra pequeña: treinta o cuarenta por noche, aunque no representen una amenaza inmediata.
Ahora un ministro pretende decidir quién cuenta como persona. En el Juicio Final no aceptamos hojas de Excel como coartada. La barbarie se puso corbata, consiguió un ministerio y aún espera que mi Padre le apruebe las cuentas.