Escuche atentamente a Bielsa. Enorme.
Honestidad intelectual, asumir responsabilidades, enorme capacidad de análisis, trabajo y profesionalismo, altura ética en un ambiente complejo, respeto máximo a los actores principales del fútbol como son los jugadores.
Más allá del resultado negativo, un proceso que le deja mucho a Uruguay, a su gente y a sus jugadores, aunque hoy por el resultado que es como se mide en este deporte, no lo veamos. La distancia dará claridad y sobre todo, te dará tu lugar en la historia, no solo estos años de pasaje en el fútbol uruguayo, sino por tus pases por los futboles del mundo, dejas huella.
Huella: profesional, intelectual y ética.
Enorme Bielsa.
Carta abierta a Marcelo Bielsa
Querido Marcelo:
Te escribo después de escuchar tu última conferencia como entrenador de Uruguay. No fue una despedida más. Fue una de esas intervenciones que obligan a apagar el ruido para escuchar lo que hay detrás de las palabras. Porque, más allá del fútbol, hablaste de algo mucho más profundo: de la responsabilidad, del fracaso, de la soledad y del precio que tiene sostener una convicción.
Tu liderazgo siempre fue total. Exigente hasta el límite, obsesivo con los detalles, inflexible con los principios. Nunca pediste menos de lo que creías posible. Les pediste a tus jugadores el cuerpo, la cabeza, el corazón. Y ellos respondieron. Corrieron, se comprometieron, intentaron.
Pero vos mismo reconociste que sostener esa idea les costó demasiado. Que mientras algunos equipos juegan con naturalidad, el tuyo necesitaba un esfuerzo permanente para parecerse a lo que imaginabas. Ahí aparece una verdad incómoda: no alcanza con que un líder convenza; el desafío es que su visión deje de depender de él y termine habitando a los demás.
Porque un liderazgo puede despertar compromiso y, al mismo tiempo, generar un peso difícil de sostener. Puede movilizar y también agotar. Puede inspirar, pero si toda la energía nace de quien conduce, el riesgo es que el proyecto nunca termine de ser verdaderamente colectivo.
Y entonces llegó esa frase que todavía resuena: “Soy el responsable de esta decepción.” Después vino otra, todavía más dura: “Lo que yo le dejo al fútbol uruguayo es nada.”
No sé si esa afirmación es verdadera. Creo, más bien, que es la forma que encontraste para hacerte cargo sin buscar refugio en las excusas. Pero también revela algo que excede al fútbol: la inmensa soledad que muchas veces acompaña a quien lidera.
Vivimos en una época que reclama procesos, pero solo aplaude resultados. Que habla de construir, aunque tenga cada vez menos paciencia para esperar y escuchar. Que celebra el esfuerzo únicamente cuando termina levantando una copa. Si no hay triunfo, pareciera que nada existió.
Por eso también resulta tan incómodo escucharte. Porque te negaste a fabricar un relato que maquillara la derrota. Pudiste hablar de crecimiento, de identidad, de bases para el futuro. Elegiste no hacerlo. Preferiste una verdad que duele antes que una mentira que tranquiliza.
Y, sin embargo, ahí también aparece una paradoja. Los seres humanos no vivimos solo de resultados. También vivimos de los relatos que nos ayudan a darle sentido a lo que atravesamos. No para negar la realidad, sino para poder seguir caminando después de una caída. A veces la verdad necesita de la esperanza para no convertirse únicamente en peso.
Creo que es por eso que tu figura genera tanta admiración como resistencia. Porque nos enfrenta con nuestras propias contradicciones. Queremos líderes auténticos, pero que no incomoden. Queremos exigencia, pero sin desgaste. Queremos excelencia, pero sin atravesar el costo emocional que implica alcanzarla. Queremos procesos largos… siempre y cuando den resultados rápidos.
Tu paso por Uruguay no habla solamente de vos. También habla de nosotros.
La pregunta no es si Bielsa fracasó o no. La pregunta es qué hacemos como sociedad con quienes se animan a sostener una idea cuando el éxito no llega. Si solo sabemos medir el valor de una persona por el resultado final, entonces no estamos perdiendo solamente entrenadores. Estamos perdiendo la capacidad de reconocer el coraje, la coherencia y la dignidad cuando no vienen envueltos en una medalla.
El verdadero legado de tu líderazgo comenzará mucho después, cuando alguien, en silencio, decida hacer las cosas con más honestidad, con más responsabilidad o con más compromiso porque un día se cruzó con tu ejemplo.
Y si eso ocurre, entonces hay derrotas que no son el final de nada. Son apenas una semilla que todavía no aprendimos a reconocer.
Con respeto y admiración,
Muchas gracias.
¡Qué alegría ver a Débora, Technogirl de Rivera y podio de las Olimpiadas de @Ceibal_Uy 2023, entre las 8 finalistas uruguayas de ShakthiSat!
El talento que se incentiva sigue abriendo puertas. ¡Felicitaciones a las +100 participantes, a Valentina (que irá a India) y al CIDA-E!
El papa León XIV lanza con su primera encíclica una llamada de alarma contra el tecnofascismo: “Quien controla la IA impondrá su visión moral” https://t.co/9yAgsM8XzJ a través de @el_pais
🇺🇸🇨🇳 | ¿QUÉ PASÓ EN LA CUMBRE DE EEUU Y CHINA?
Una vez disipado el ruido de las presunciones, el balance chino sobre la cumbre de Pekín confirmó una subordinación que dejó al gobierno de Trump más herido en su imagen nacional e internacional. Esta es la autopsia del declive:
1/ La futilidad del ruego corporativo:
La lista de exigencias previstas por EEUU (Irán, Taiwán, el H200, las exportaciones de tierras raras, la liberación de Jimmy Lai y los pedidos de Boeing) fue ignorada punto por punto.
La ilusión de un mercado líder y suficiente como herramienta se topó con la fría realidad de la autosuficiencia china.
2/ La asimetría material:
El peso de las naciones ya no se mide en retórica, sino en realidades físicas. Mientras EEUU arrastra una economía financierizada y dependiente, China controla el 70% de la producción global de tierras raras (el petróleo del siglo XXI) y la infraestructura tecnológica del futuro. EEUU ya no puede negociar como soberano cuando China controla sus cadenas de suministro.
3/ Hospitalidad, pero no soberanía:
Pekín aplicó la doctrina de la diplomacia imperial: ofreció palabras amables, protocolo impecable y un banquete fastuoso mientras congelaba cada una de las líneas rojas de su agenda nacional.
4/ El elogio desmedido de Trump hacia Xi Jinping durante la cena expuso la subordinación psicológica del visitante: más allá de la oferta estética de China, en términos políticos nada prosperó realmente más allá de la exposición de EEUU como un recuerdo de la potencia que fue.
5/ Una humillación en vano:
Lo más grave de esta actitud subordinada ha sido sin duda su ineficacia y las imágenes contrariando el relato de Trump en todos los órdenes geopolíticos hasta ahora. Pasó de maldecir a China y aplicarles intereses a declararle de mi formas su reconocimiento y admiración.
6/ Con todo, el viaje no suavizó las tensiones ni garantizó una tregua comercial favorable; solo sirvió para que China exhibiera ante el Sur Global su capacidad de contener y neutralizar las presiones de la Casa Blanca sin ceder un solo milímetro de su interés estratégico.
7/ En conclusión, la cumbre de Pekín marcó el fin de la diplomacia de la intimidación norteamericana: la vació de legitimidad práctica y capacidad geopolítica.
La visita de auxilio al palacio de su acreedor para casi rogar acuerdos apenas recibió cortesía, protocolo y tratos comerciales menores como los de un puñado de aviones de Boeing, pero a cambio de que el simulacro de la unipolaridad quedara desmantelado ante el mundo.
EE.UU. fue a China a ejercer influencia y regresó con el consuelo que se le da a una potencia en retirada: un banquete, un protocolo excelso y un deseo de buena suerte en la retirada de una cima de la que cada vez está más lejos. 🇨🇳🇺🇸
Gracias Salvador!!
@S_Schelotto es un académico que ha trabajado en cargos consultivos y ejecutivos. Tiene formación y experiencia.
Por sobre todo eso, tiene un gran compromiso con Montevideo, para que no pierda su esencia y sea más amigable con las personas y el ambiente.
🇺🇾 Uruguay subió 11 lugares en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de @RSF_es.
Del puesto 59 al 48. Primeros en América Latina.
Una democracia se mide también por el espacio que le da a las voces que nos cuestionan.
@JavierdeHaedo@rastolaroff Hay de los dos tipos, Javier: algunos son y otros hacen.
Hay que recordarles que el precio del barril estaba a 62 dólares al comienzo de la guerra en este momento cuesta 109!