Tengo esta idea, por supuesto más supersticiosa que nada, de que si alguien muere durante el novenario de alguien más, es porque el primer difunto se llevó al segundo. Vargas Llosa aún no cumple su novenario. Vargas Llosa se llevó a Francisco con él.
Hace 9 días falleció mi tío Juan. Mi abuelo se llevó a Benedicto XVI; el día que levantamos su cruz murió ese papa.
Al parecer mi tío (su hermano) se está llevando a Francisco. Y ya se llevó a Paquita y a Tongolele (seguramente para seguir rumbeando). Mañana levantan su cruz.
Y eso. Siento que en ellos dos están dos formas de ser católico en este país. El indígena converso, el criollo perdido. Dos católicos que no encuentran en este país una identidad tan definida y, sin embargo, es tremendamente poderosa.
Mis dos abuelos, contrario a mis abuelas, han sido muy religiosos. Pero siento que su devoción ha sido marcadamente seña de dos formas de ser católico en este país. Mi abuelo paterno, desde el arraigo y el peso que tiene este país. Seguía fielmente las tradiciones más “mexicanas”
Y no me mal entiendan mi abuelo materno es el abuelo más cariñoso que un nieto podría tener, pero eso, me cuesta mucho echar raíces con él. Es como si siempre estuviera en una misión para el futuro.
Hoy desbloquee el recuerdo de que existe esta película dirigida por Alfonso Arau. Y debe estar en un top de las cosas más raras y sin sentido que podrán ver alguna vez.
Yo, la verdad, me siento incapaz de elegir a ningún juez o magistrado. Excepto, quizá, a Ministros de la SCJN y a los del Tribunal de Disciplina. Esto último porque entiendo que existe una metafísica implícita en todo órgano Constituyente.
Mucha elección de jueces, pero sin un cambio en los planes de estudio que contemple la enseñanza de los criterios técnicos que hacen elegibles a quienes encabezarán del Poder Judicial, pues entonces es pura demagogia.