Al reconocer nuestras limitaciones, entregar nuestras expectativas y aferrarnos a Sus promesas, podemos encontrar paz, valor y dirección, incluso en los momentos más difíciles.
La incertidumbre es una parte inevitable de la vida, pero no tiene que llenarnos de miedo. Pero a través de eso aprendemos que Dios está presente en medio de lo desconocido y que Su fidelidad nunca falla.
No menosprecies tu inicio pequeño, porque ese es el taller que Dios utilizará para moldear tu carácter y, por consecuencia, darte la grandeza y la bendición que esperas de Él.
El propósito de ir a la Presencia de Dios no es convencerlo de que haga lo que quiera, sino permitirle transformar mi mente y corazón mientras paso tiempo con Él.
Es más fácil para la mayoría de nosotros dejar que Jesús muera por nosotros que dejarlo vivir en nuestro lugar., ya que, esta segunda parte requiere rendición.
No se trata de cuantos versículos sabes, sino de cuanto de Cristo vive en ti. Porque el verdadero evangelio no se mide por lo que decimos, sino por lo que refleja os cuando nadie nos ve.