Frankenstein de Guillermo del Toro no es una historia de monstruos ni de terror, sino una reflexión sobre el desamparo y lo que ocurre cuando nadie sostiene la vida. ¿Qué hace posible que alguien exista?
La criatura nace, pero no es recibida. No hay sostén, no hay mirada, no hay palabra que lo ubique simbólicamente. Hay vida, pero no lugar. En términos de Winnicott, nace el cuerpo, pero no el ser. En lectura lacaniana, entra al mundo sin una inscripción en el Otro.
Llega desnudo y confundido y el único significante que recibe es rechazo. Desde ahí comienza su errancia. No hay monstruo sin un primer gesto de desamparo.
Por otro lado, Victor Frankenstein quiere producir vida sin sostenerla. Crear sin cuidado ni deseo. No quiere un hijo, quiere un logro y por eso lo abandona. Y es en ese abandono donde aparece lo siniestro. Victor encarna a ese Otro que exige perfección y que, ante la falla, expulsa.
Lo monstruoso del monstruo es la ternura brutal encarnada en un cuerpo enorme y torpe que solo quiere ser visto y no devorado por la demanda del Otro, sino sostenido por una presencia que pueda alojarlo. Intenta acceder al lazo, al lenguaje, a la comunidad, a la mirada. Quiere entrar en el mundo de los otros, pero su diferencia les resulta intolerable. Entonces, cuando responde con violencia, es un intento desesperado por la mirada que le de existencia.
La trama insiste en el cuerpo. La piel cicatrizada, las suturas gruesas, la torpeza del movimiento. Un cuerpo que no encaja en ningún ideal; un cuerpo expulsado por lo que muestra. Y aun así, ese cuerpo fragmentado nos recuerda que somos ensamblajes, que nadie nace completo. Y que pasamos la vida suturando pérdidas que, a veces, nunca cierran del todo.
El monstruo también ama. Ama a la familia que observa en silencio, oculto. Ama a la mujer que lo mira. Ama al mundo que intenta descifrar él mismo, porque nadie le traduce la experiencia emocional que lo atraviesa. Pero el mundo no puede ni quiere amarlo. Y ahí aparece la falla. Esa es la tragedia, querer ser amado por alguien que no puede alojarnos.
Finalmente, la película nos interpela cuando el hermano de Victor le dice: "tú eres el monstruo", como si algo de la criatura le mostrara su propia monstruosidad. Por ello, la historia no juzga al monstruo. Pregunta quién lo golpeó de esa manera y cuál es su relato, lo hace hablar. Esto me recuerda el texto de Paul B. Preciado, "soy el monstruo que os habla".
Monstruoso es, entonces, un otro no visto, rechazado, dejado al desamparo. Un otro en su radical diferencia. Lo que llamamos monstruoso es, casi siempre, un llamado.
@malessonrientes@Diario_Cambio Todos los hombres que están culpando a la victima y defendiendo al agresor es porque de alguna forma se identifican con el, sociedad machista, violenta y antipática. Son parte del problema y no se dan cuenta!
@JimenezQiiqee@Diario_Cambio Exacto imbecil! Lo acabas de decir, una NIÑA de 17 años que no tenía la madurez para saber en lo que se metía y un anciano de 47 que se aprovechó de la inocencia y de la falta de experiencia de ella. Y aún así sigues culpabilizando a la víctima? La responsabilidad estaba en él.
@GiankoDP@inkjkv Tienes un punto, ver no está mal, pero el está haciendo más que solo ver, está likeando fotos, siguiendo morras que no conoce buscando la atención de alguien que no es su novia. Cuando se presente la oportunidad si alguien más se la da, la va a tomar porque YA LA ESTÁ BUSCANDO.
el papá de esmeralda dijo en una entrevista, que en la mayoría de los casos, en la trata de blancas, las mujeres desaparecen los jueves, y es porque tienen que pasar 72 horas para que las autoridades te empiecen a buscar, y como se atraviesa fin de semana eso le daba tiempo a los secuestradores de realizar sus movimientos con facilidad.
Después vi el video de una chica diciendo que era muy raro que todas las promos de los antros sean los JUEVES, tipo barra libre, ladys nigth, no cover y wtf.
Ejemplo de lo que les digo de las promos: