A veces siento que estamos viviendo más hacia afuera que hacia adentro.
Convertimos cualquier espacio en una vitrina, cualquier momento en un performance y cualquier actividad en una forma de proyectar algo… aunque no siempre nazca desde un propósito real.
Y está bien conectar, socializar y crear comunidad.
Lo que no está bien es perder de vista la intención:
no todo lo que parece profundidad lo es,
no todo lo que parece crecimiento nace del hábito,
y no toda “vulnerabilidad pública” es auténtica.