Llegas a una edad donde solo quieres estar al lado de un hombre que ya dejó atrás su etapa de niño, sin mentiras, estable, enfocado en él, en ti y en construir algo sano y duradero.
“Lo manejaste muy bien”. No, no lo hice. Enloquecí, perdí mi chispa, lloré en silencio; me rompí a solas y llevé una sonrisa que mentía mejor que cualquier máscara. No lo manejé, lo sobreviví, porque no tenía otra opción.