- Estoy harta de esperar.
- ¿A quien?
- A mi paciencia.
- ¿Y qué harás? ¿Te enfadarás?
- No. Mi ira tampoco llega. Apenas llegó el hartazgo.
Una luz sesgó el cielo y entonces ella nació.
A veces las mejores cosas son las más fáciles. Las más sencillas. Las más directas. Con ese espíritu ella decidió no nacer. Era la vida demasiado complicada, era la muerte lo mejor.
Estaba tan asustada que tenía miedo a todo, menos al miedo. Pero era tan despistada que perdió sus miedos y así consiguió conquistar el mundo. El mundo que era ella, olvidada de sí y sin miedo a si misma.
Por supuesto que deberías saltar. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Nadie te echará tanto de menos y el mundo seguirá girando. Si eso sirve para terminar con tu sufrimiento, adelante. Pero qué se yo, solo soy una voz en tu cabeza y nunca he conocido la vida...
En mis sueños, tú no tuviste nuestro hijo y yo no tuve el accidente. En mis sueños brindamos con sidra y no con ceniza. En mis sueños no duermo por no despertar. En mis sueños estamos juntos por siempre jamás.
La decepción siguió buscándole durante años y años. Más ella la esquivó. No escapó corriendo más ni con disfraces, sino que lo hizo por no huír y aguardarla a cara descubierta.
Hace mucho tiempo que los abrazos se fueron de este mundo y nos abandonaron. Se cree que se escondieron dentro de las personas, allá donde nadie pudiese alcanzarles. Pero no perdemos la esperanza y seguimos buscándolos dentro de las personas que queremos.
- Es mejor estar perdido pues es la única manera de seguir buscando.
Ella miró de reojo e hizo como que no había oído. Para ser un mapa sin ninguna indicación, hablaba demasiado...