Lic. en Comunicación Social, UCAB. Profesora Universitaria. Maestría en Teoría y Modelo de DiseñoCurricular e Instruccional, Dios y la Virgen los bendiga!
@EliasPino@rapinango Me alegro, por usted profe! A veces comparto su punto de vista y otras no! Pero, con todo respeto y objetividad!!! Debe estar muy contenta “tía Amelia” 😉
Hay gente que se olvida de dónde viene.
Gente que un día se levantó con la panza vacía, con los zapatos rotos, con la humillación de no poder pagar lo básico… y de repente la plata llega.
Y con la plata se le suben los humos.
Se le hincha el pecho, se le pone la mirada de arriba, se le llena la boca de “yo soy”, de “yo tengo”, de “yo puedo”.
Se olvida del hambre.
Se olvida de las noches de frío.
Se olvida de la vergüenza de pedir prestado.
Se pone a mirar a los demás como si nunca hubiera sido uno de ellos.
Pero la vida, esa hdp sabia y paciente, siempre encuentra el momento.
No importa cuánto dinero tengas, ni cuántos títulos, ni cuántas fotos de viajes subas.
Un día te aparece una cuenta que no podés pagar.
Un día te enfermás y el cuerpo te recuerda que sos carne.
Un día alguien que amás se va o se rompe.
Un día te mirás al espejo y ves la misma cara de cuando no tenías nada… solo que ahora con más arrugas y menos excusas.
La vida te agarra del hombro y te susurra al oído:
“Acordate. Acordate de dónde saliste.
Acordate que el dinero es visitante, no dueño.
Acordate que la soberbia es el primer paso hacia el vacío.”
Y ahí, en ese momento de silencio y de golpe, te das cuenta de que nunca fuiste tan grande.
Que el que se olvida de sus carencias termina siendo pobre de verdad:
Pobre de memoria, pobre de humildad, pobre de alma.
Porque la plata puede comprar muchas cosas…
pero nunca puede comprar el derecho a olvidar de dónde venís.