siempre me tocó ser salvavidas, cuando más de una vez quise estar en el fondo del mar, sin embargo nadie me preguntó si quería yo siempre tuve que sostener y salvar a todos, incluso cuando no podía ni salvarme a mí misma.
La maternidad es difícil, pero también está llena de esos momentos en los que nuestros bebés nos regalan besos sin razón, solo porque nos aman, y ahí todo vale la pena.
Tuve ansiedad y estrés durante semanas y nadie lo notó.
Seguí cumpliendo, ayudando, respondiendo mensajes y sonriendo aunque mi mente no paraba y mi cuerpo pedía una pausa.
Me guardé el nudo en la garganta y el cansancio invisible, pero aun así traté bien a los demás. Mi interior era un caos silencioso, pero nunca lo usé para herir.
A veces quienes más se rompen por dentro... son quienes más cuidan afuera