Este año entendí que la vida no siempre devuelve lo que das. Ser buena persona no te asegura finales justos, y amar de verdad tampoco garantiza que te elijan. Aun así, me quedo en paz, porque cometí errores, pero nunca hice daño con intención. Y al final, eso vale más.
Últimamente siento que estoy emocionalmente peor que nunca, y lo más extraño es que, si me preguntan qué me pasa, no sé qué responder. No hay un solo motivo; es la acumulación de tantas cosas que preocupan, pesan y terminan agotando.