Correa ingresa al área penal con el balón controlado y en clara progresión hacia el arco. Desde atrás, Banegas se arroja para disputar el balón, pero llega tarde e impacta de manera imprudente con su pierna derecha sobre la pierna izquierda del jugador de River. El contacto afecta directamente su desplazamiento, le provoca la pérdida de estabilidad y termina derribándolo.
Desde el análisis técnico, no estamos ante un contacto incidental ni propio de una disputa lícita. Banegas intenta jugar el balón, pero no lo consigue y comete una infracción imprudente dentro del área. La decisión técnica correcta era sancionar tiro penal para River.
Además, la acción debía analizarse disciplinariamente: Correa tenía el control del balón, avanzaba hacia el arco y disponía de una clara ocasión de gol. Por lo tanto, la infracción impide una ocasión manifiesta de gol —OMG—. Sin embargo, como Banegas intentó disputar el balón y el árbitro debía sancionar penal, corresponde aplicar la reducción disciplinaria prevista por la Regla 12: tarjeta amarilla para el defensor de Tigre, en lugar de expulsión.
Gariano no logra percibir con claridad la acción en tiempo real. Incluso, cuando el juego se detiene, demora la reanudación a la espera de una posible intervención del VAR, lo que evidencia que la situación le había generado dudas.
Allí debía intervenir el VAR, a cargo de Possi. Con distintas cámaras, ángulos, velocidades y repeticiones, contaba con los recursos necesarios para identificar el impacto de Banegas sobre Correa y advertir un penal no sancionado. Debió recomendar una revisión en campo para que Gariano pudiera observar nuevamente la acción, sancionar el tiro penal y amonestar al defensor.
El llamado nunca llegó y se consolidó una resolución técnicamente incorrecta: penal para River y tarjeta amarilla para Banegas por impedir una ocasión manifiesta de gol mediante una acción en disputa del balón. Un error claro y compartido entre el árbitro y el VAR.