Si algo le pido a la vida es dominar el arte de decir que no. Y decirlo siempre con respeto: no puedo, no quiero, no sé, en este momento no estoy disponible, no me hace feliz. Y hacerlo sin culpa, sin miedo, cerrando los ojos y durmiendo en paz.
Cómo no voy a pensar que la gente cambia si yo misma he presenciado cambios enormes en mi propia conducta y personalidad. La gente puede cambiar, el tema es si quiere hacerlo.
No hay nada más atractivo que la coherencia interna.
Quien actúa de la misma forma que piensa mientras es fiel a sus valores consigue, sin ninguna pretensión, generar un magnetismo personal superior a cualquier atributo externo.
Cualidades trabajadas que embellecen y mucho.
Hay que evitar a toda costa que nuestra cabecita se vuelva una maquina de "encontrarle sentido a todo", hay caos, hay desorden, hay cosas que no tienen sentido alguno y ESTA BIEN.
Hay cosas que no necesitas entender para disfrutar. La vida es una de ellas..
Me encanta esta frase:
“El grado en que una persona puede crecer es directamente proporcional a la cantidad de verdad que puede aceptar sobre sí misma sin huir”.
"Llámame cuando te apetezca, cuando se te antoje, pero no como quien se siente obligado, eso sería malo para ti y para mí; a veces imagino lo maravilloso que sería que me llamases sólo porque sí, simplemente como alguien que tiene sed y bebe".
José Saramago
sí, la medicina, el derecho, el comercio y la ingeniería: todo eso puede dignificar la vida; pero la poesía, la belleza, el romance, el amor… eso es lo que nos mantiene vivos
La fantasía de la comunicación “efectiva”supone que las cosas “se dicen como son”.
Como si hablar fuera solo describir.
Hablar es enredarse.
Porque existe la división entre lo que creo decir y lo que digo.
Lo que digo y lo que el otro escucha.
Y entre lo que digo con lo que pretendía decir.
Las cosas no se dicen “como son”. Se dicen atravesadas por significantes, por historia, por demanda, por deseo.