La magistral interpretación de Christoph Waltz como el coronel Hans Landa en la película Inglourious Basterds (2009) es una de las demostraciones de poliglotismo más icónicas de la historia del cine.
Su habilidad para saltar entre idiomas no solo define la aterradora inteligencia de su personaje, sino que además salvó la película, ya que el director Quentin Tarantino estuvo a punto de cancelar el proyecto al creer que había escrito un personaje "imposible de interpretar".
Aunque en pantalla el personaje maneja cuatro lenguas de forma impecable, existe un matiz muy interesante sobre las habilidades reales del actor austriaco.
Al ser el Alemán su lengua nativa, el actor la usa con una precisión quirúrgica para dar órdenes directas o intimidar a sus subordinados y prisioneros. Waltz posee un manejo absoluto de los dialectos y la cadencia germana.
El artista utiliza este idioma a la perfección en la vida real. Lo usa de forma memorable en la secuencia inicial para desarmar psicológicamente al granjero Perrier LaPadite, transitando de una cordialidad fingida a una amenaza absoluta.
A diferencia del alemán, el francés y el inglés, Christoph Waltz no habla italiano fluido en la vida real.
Para la desternillante escena donde interroga al teniente Aldo Raine (Brad Pitt) y sus hombres disfrazados de cineastas italianos, Waltz memorizó fonéticamente sus líneas con tal maestría y perfecta pronunciación que logró engañar al público, simulando una fluidez absoluta que en realidad no posee.
El Inglés lo habla con total soltura y un sutil acento europeo. Lo utiliza estratégicamente para comunicarse con los "Bastardos" y para negociar su rendición con los altos mandos aliados al final de la cinta.
Gracias a este despliegue de genialidad lingüística y actoral, Waltz se llevó el Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y el Óscar al Mejor Actor de Reparto