Café con tu amiga la socialista.
Entre sorbo y sorbo, se queja:
—Me mudo de piso. He pedido presupuesto a empresas de mudanzas y son unos ladrones. ¡700€!
Hace una pausa, triunfal:
—He hablado con el conserje. Me manda a dos chicos sin papeles que hacen chapuzas.
—¿Y cuánto les vas a pagar? —pregunto.
—Unos 100€ a cada uno. Me sale tirado. Y oye, les hago un favor, esa gente necesita el dinero desesperadamente.
La miro a los ojos.
—O sea: se te llena la boca sobre derechos laborales y convenios, pero cuando te toca pagar… contratas en B, por debajo del salario mínimo, a gente vulnerable para ahorrarte dinero.
Se le tensa la mandíbula.
—¡No es lo mismo! Yo no soy una multinacional explotadora. Soy una ciudadana de a pie. El sistema está roto, no es mi culpa.
—No eres Amazon, no.
Pero en cuanto te tocan el bolsillo, te comportas igual que lo que dices odiar.
Tu solidaridad termina justo donde empieza tu cuenta bancaria.
Se levanta, ofendida:
—Eres una facha. No entiendes nada.
Se va antes de que llegue la cuenta. La pago yo.
Por la tarde, sube una foto a Instagram:
selfie con cajas, texto sobre la gentrificación y “las injusticias del mercado”.
La superioridad moral es el deporte favorito de quienes nunca pagan el precio de sus ideales.
Defender a los oprimidos con el dinero de los demás es barato.
La verdadera ética no se ve en una pancarta ni en un tuit,
se ve en cuánto pagas a quien está por debajo de ti cuando nadie te aplaude.
Cuando les enseñas el espejo, no corrigen su incoherencia:
te atacan a ti.
Porque no les duele la injusticia,
les duele dejar de verse como salvadores.
Hace dos semanas falleció la madre de mi mejor amiga en Asturias. Sin dudarlo cogí el ordenador y compré el primer vuelo para allá que era de @volotea y me fui directa al aeropuerto. Hoy descubro que al escoger la tarifa (la única q se me ofreció porque quedaban 2 plazas)
Activista: «El uso de agua para la carne de res es obsceno. Miles de litros por kilogramo.»
Productor: «Eso es lluvia.»
Activista: «¿Qué?»
Productor: «La cifra incluye toda la lluvia que cae sobre el pasto. Las vacas beben del arroyo. La lluvia cae, haya una vaca aquí o no.»
Activista: «Sigue siendo consumo de agua.»
Productor: «¿Debería impedir que la lluvia caiga en mi campo?»
Activista: «Cultiva cosechas en su lugar. Es más eficiente.»
Productor: «Esto es una pendiente de 35 grados en las colinas de Gales. Enséñame el cultivo.»
Activista: «La tecnología...»
Productor: «¿Para hacer que los tractores suban montañas?»
Activista: «Debe haber una solución.»
Productor: «La hay. Se llama una vaca.»
Activista: [revisa el teléfono]
Anda circulando por WhatsApp. El final no tiene desperdicio. 👇🏻
"Yo no soy víctima de la Ley Orgánica de Educación. Tengo 69 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política.
En el jardín de infantes empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente:
la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña"......
En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias, ...
En 6º de Primaria, si en un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, te bajaban y bien bajada la nota.
En Bachillerato, estudié Historia, Geografía, matemáticas, química, biología, física, latín, Literatura y Filosofía.
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí Lanzas coloradas, Casas muertas, Doña Bárbara y otros... Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección.
Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.
Y... vamos con la Gramática:
En castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales.
El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente". ¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene identidad", en definitiva "el que es".
Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "ente".
Así, al que preside, se le llama "presidente" y nunca "presidenta", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.
De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.
Y ahora, la pregunta: nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), ¿hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por la dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hacen más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).
Les propongo que pasen el mensaje a sus amigos y conocidos, con la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: *el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el futbolisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!
SI ESTE ASUNTO "NO TE DA IGUAL", PÁSALO, POR AHÍ, CON SUERTE, TERMINA LLEGANDO A LOS MINISTERIOS.
Porque no es lo mismo tener "UN CARGO PÚBLICO" que ser "UNA CARGA PÚBLICA".
Llevo varios días recordándole a mi hijo de siete años que se acerca el día del Padre. Por aquello de que vaya preparando algún regalo. Ayer, convenientemente informado por sus profesores, me dijo que no. Que yo estaba mal informado y que el 19 de marzo no es el día del Padre, sino el día del Colegio. Ante tal afrenta a mi paternidad (y a la de todos los que somos padres) le dije que no, que me dolía decirlo, pero que le habían engañado. Le conté que desde hace unos años, por aquello de que niños sin padre se podrían sentir molestos, muchos centros educativos habían decidido eliminar la mención a los padres. "Y yo", le dije "no estoy de acuerdo con eso".
Le dije a mi hijo que se puede celebrar el día de la Hispanidad sin ser español, que se puede celebrar el día de Navidad sin ser cristiano y que, por supuesto, se puede celebrar el día del Padre aunque no se tenga padre. Le dije que en las celebraciones nunca nos celebramos a nosotros mismos, sino que lo que se celebran son valores y principios universales independientemente de la historia personal de cada uno. Y que quienes no tienen padre, lejos de sentirse molestos, deberían también celebrar a los padres de los demás. Porque la vida no consiste en adaptar la realidad para que nadie se sienta incómodo. La vida va de aprender a convivir con ella, de entenderla y, si es necesario, de transformarla desde la madurez, no desde la negación. Evitar cualquier referencia a lo que no todos tienen (a lo que, a menudo, se les ha negado) no es inclusión, sino simple y despiadada amputación cultural.
No soy ni de izquierdas ni de derechas, si eso implica entregar el juicio propio a un paquete ideológico cerrado. Que algunos se autodenominen alegremente antifascistas y me clasifiquen como fascista dice más sobre la degradación de sus categorías que sobre mis ideas; yo sigo guiándome por un criterio racional y pragmático, aplicado a la vida real.
Por eso no me cuesta nada alegrarme cuando cae una dictadura, incluso si el contexto es incómodo, incluso si los actores internacionales implicados me resultan detestables. No confundo criticar a una potencia imperialista con justificar cualquier régimen que se le enfrente. Esa confusión, muy extendida, ha empobrecido el pensamiento político durante décadas y ha servido para excusar demasiadas brutalidades.
Venezuela llevaba años siendo un desastre humano sostenido por una retórica hueca. Un poder que se perpetúa, una economía arrasada, una población empujada al exilio y cárceles llenas. Relativizar eso desde la distancia, protegidos por una pureza teórica, siempre me ha parecido una forma bastante retorcida de cinismo.
Hay un reflejo que se repite con precisión casi mecánica. Ante cualquier revuelta o cualquier gesto de rebelión en un país no alineado con Estados Unidos, una parte del discurso occidental entra en modo automático. Primero se pregunta quién gana geopolíticamente. Luego se denuncian conspiraciones. Después se recuerda algún antecedente histórico conveniente. Y si sobra tiempo, quizá se menciona a las personas que viven allí.
Ese orden de prioridades dice mucho.
Lo estamos viendo en directo con Venezuela y con Irán, donde la opresión no encaja bien en el relato correcto. Da igual que haya presos políticos, ejecuciones, mujeres encarceladas o asesinadas por desobedecer, homosexuales perseguidos y ahorcados, gente huyendo con lo puesto. Si el régimen es útil como símbolo, se le concede una indulgencia infinita.
Conozco de sobra cómo funcionan las intervenciones extranjeras, los intereses económicos y la hipocresía de las grandes potencias. Lo difícil de aceptar es que eso se utilice para desactivar cualquier crítica a regímenes que oprimen a su propia población.
La caída de una dictadura no convierte automáticamente en héroes a quienes participan en el proceso ni garantiza un futuro mejor, siempre hay incertidumbre. Aun así, cuesta entender la indiferencia ante una población que celebra el fin de un poder que la había sometido durante años.
No necesito adherirme a ninguna tradición política para afirmar que la dignidad humana no es negociable ni subsidiaria de un tablero estratégico. Cuando se invierte ese principio, el pensamiento se vuelve sofisticado, pero también peligrosamente inhumano.
Habrá tiempo para analizar intereses, equilibrios geopolíticos y consecuencias a medio plazo. Pero hay un momento mínimo, en el que se debe celebrar que menos tiranía es mejor que más tiranía.
Eso vale para Venezuela y para Irán. No son casos que compitan entre sí ni causas que deban turnarse para merecer atención. Son recordatorios persistentes de que menos represión es mejor que más represión. Siempre.
No necesito mucho más para saber dónde poner el foco.
Ayer, hablando con un inglés sobre España y nuestra cultura, me preguntó directamente de qué podemos estar hablando durante horas en las comidas, y cómo es posible que esas sobremesas interminables casi enlacen con la cena.
Le respondí simplemente: “de la vida”.
Y se hizo el silencio.
A veces olvidamos que somos una potencia exportadora de algo que muchos países admiran: el arte de vivir. No sé por qué nos avergonzamos de ello, cuando es uno de nuestros mayores tesoros culturales.
Hay personas que siempre llegan tarde y, sin saberlo o sin querer admitirlo, se convierten en guardianes del tiempo de los demás. Con el tiempo ajeno entre las manos, lo manipulan con descuido, lo desperdician sin culpa y lo sacrifican en el altar invisible de su egoísmo. No es una cuestión de despiste o de simple desorganización: la impuntualidad es, en muchos casos, la expresión silenciosa de una rebeldía interior. Quien llega tarde desafía, a su manera, el orden del mundo. Es como si cada cita o compromiso representara una batalla entre el reloj y su deseo de libertad.
Detrás de esa costumbre hay una resistencia profunda a sentirse controlado por algo tan intangible y tirano como el tiempo. Planificar, cumplir horarios o someterse a la puntualidad implica, para ellos, ceder terreno, perder protagonismo en su propia historia. Prefieren pensar que son dueños absolutos de su ritmo, aunque para mantener esa ilusión deban tomar prestado —sin permiso— el tiempo de los demás. Así, su tardanza no es inocente: es una forma de afirmar poder y dominio.
No es que ambicionen regir el tiempo ajeno, pero no están dispuestos a sujetarse al propio. Pero esa aparente reivindicación de libertad es, en realidad, una trampa. Quien se permite ignorar los compromisos que lo vinculan con los otros no está proclamando su independencia, sino su desprecio por el vínculo mismo. La impuntualidad, cuando se vuelve hábito, revela una actitud tiránica: quien llega tarde impone su ritmo, obliga a los demás a adaptarse, a esperar, a interrumpir su propio flujo vital. Es una forma sutil de violencia cotidiana, una invasión invisible del territorio compartido.
El respeto al tiempo del otro es también respeto a su existencia, a su derecho de disponer de su vida sin ser rehén de la ajena. La puntualidad no es mera cortesía: es una manifestación del pacto social que hace posible la convivencia. En última instancia, la impuntualidad no solo desafía al reloj: desafía el fundamento mismo de la sociedad y ese acuerdo tácito de respeto mutuo sin el cual todo esfuerzo civilizatorio debe posponerse.
Me llegan las primeras quejas de docentes que tienen a alumnos de prácticas y que ya han tenido que llamarles la atención por subir fotos de los alumnos a redes sociales 🤦♂️
Cuando para decidir si te gusta o no una ley educativa (o de lo que sea) te interesa más de quién es esa ley que lo que dice la ley...
La LOMCE y la LOMLOE son primas hermanas. Si una te parece detestable y la otra maravillosa, solo eres un hooligan del partido de turno.
Copiar enunciados, hacer dictados y escuchar una explicación no sirve, porque no se aprovecha la clase. No como pasarte media sesión mandando callar o corrigiendo actitudes que no deberían darse a ciertas edades, que como todos sabemos es el sumun del aprendizaje.
Cuando voy a la carnicería mi carnicero no me dice quienes son los buenos, HAMAS o Israel, tampoco me da su opinión sobre la guerra civil. Entonces ¿por qué tengo que aguantar la opinión de profesores o de actores?
🔴 ESPAÑA: El imperio más difamado y atacado de la historia
👉 Inglaterra, Francia, Italia Holanda o EEUU deformaron su historia y legado por siglos
Pero aquí tienes 23 aportaciones españolas que cambiaron el mundo (y aún hoy intentan ocultar):
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Poco se habla del alumnado de Bachilleratos de Humanidades que saca resultados brillantes en la PAU y no, no va a carreras de Ciencias o las que demanda el mercado, sino que va a ir con orgullo a llenar de sabiduría y buen hacer las facultades de Humanidades, que falta hace.👏