Descifró la escritura maya sin moverse de Leningrado. Nunca visitó México. Y cuando llegó por primera vez en los años 90, cuarenta años después de su descubrimiento, lo recibieron como a una estrella. Los niños mexicanos lo conocían. Los académicos rusos no.
Yuri Valentínovich Knorozov nació en 1922 en Járkov, en lo que hoy es Ucrania. Estudió historia en Moscú, participó en la Segunda Guerra Mundial como operador de teléfonos militares y después se especializó en etnografía. Un día leyó un artículo del investigador alemán Paul Schellhas titulado "El desciframiento de los textos mayas: ¿un problema irresoluble?" y lo tomó como un desafío personal. Escribió en sus notas: "Lo que fue creado por una mente humana está destinado a ser resuelto por otra."
Lo que tenía para trabajar eran tres códices mayas conservados en bibliotecas europeas y el Relato de las cosas de Yucatán del fraile Diego de Landa, escrito en el siglo XVI. De Landa había anotado lo que creyó que era el "alfabeto" maya: intentó transcribir letras del español al sistema de escritura local, y los escribas mayas escribieron los sonidos que escuchaban, no las letras. Knorozov fue el primero en entender ese malentendido como una clave. La "K" española sonaba "ka", y los escribas escribieron el glifo correspondiente a esa sílaba.
El sistema maya no era un alfabeto ni un sistema puramente ideográfico. Era silábico, con logogramas mixtos. Knorozov publicó sus conclusiones en 1952 en la revista soviética Sovetskaya Etnografiya. Su director de tesis, impresionado, pidió que le concedieran directamente el doctorado, saltándose el paso intermedio de candidato. Era algo casi inaudito en la ciencia soviética.
El mundo académico occidental tardó décadas en aceptarlo. El epigrafista británico J. Eric Thompson, la máxima autoridad en estudios mayas de la época, rechazó públicamente las conclusiones de Knorozov hasta su muerte en 1975. Solo después, el consenso académico reconoció que el soviético tenía razón.
Durante todo ese tiempo, Knorozov trabajó en Leningrado sin poder viajar. Era la Guerra Fría. También intentó publicar en cada artículo científico una fotografía suya junto a su gata siamesa Aspid, a quien llamaba Asya. Llegó incluso a incluir su nombre como coautora de varios trabajos. Los editores siempre eliminaban el nombre. La foto se quedaba.
La de 1953 que circula hoy en todo internet, Knorozov con expresión severa y Aspid mirando a cámara con idéntico ceño, es esa foto. Los dos con la misma cara. Los dos desafiando al mundo a que les contradiga.
Hoy, junto al Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México, hay una estatua de bronce de Knorozov. La gata está en sus brazos.
Fuentes: Britannica — datos biográficos verificados y descripción técnica del método de desciframiento
Radio Free Europe/Radio Liberty (mayo 2024) — "Yuri Knorozov: The Maverick Scholar Who Cracked The Maya Code", con declaración del profesor Harri Kettunen de la Universidad de Helsinki
Comisión Rusa para la UNESCO, "Tokens of Fate" — cronología biográfica detallada con fuentes primarias del archivo soviético
Russia Beyond the Headlines — documentación del rechazo de J. Eric Thompson y la primera visita de Knorozov a México en los años 90
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