Todos necesitamos al Padre que nos tiende la mano. Rezarle, invocarlo, no es una ilusión; ¡la ilusión es pensar que podemos prescindir de Él! La oración es el alma de la esperanza.
Para una mamá la vitalidad que regresa después de un café es indescriptible, ni en mis peores días de trabajo sentí tanta satisfacción después de mi cafecito.