No, no consumo cocaína. Conozco de fiestas electrónicas. Me encantan las trolas faloperas. Para mí “La jodita” es un juego. Un juego de miradas, sustancias, cuerpos y ansiedad compartida.
Yo he estado en todos los ambientes: boliches de cachengue, electrónicos, gay, hétero, afters. Y tengo la percepción afinada. Sé cuándo empieza el guión: cuándo se sacan las remeras, cuándo empiezan a chapar todos, cuándo viene alguno a buscarte al baño. Y no lo juzgo. Lo reconozco. Me divierte.
La clave es no vivir ahí. Porque cuando el juego se vuelve rutina, te olvidás de que era juego. Te perdés. Pensás que eso sos vos. Que el deseo del otro es tu identidad. Que la validación química o visual es amor. Y no, no lo es.
Por eso no vivo en Buenos Aires. Porque esa ciudad, que amo y me dio muchas cosas, está armada para que no pares nunca. Para que todo sea conexión, consumo, imagen, adrenalina. Pero por debajo corre otra cosa: ansiedad, soledad, individualismo. Y una necesidad de contención que ya no se busca en vínculos reales, sino en nichos armados por la falopa, el outfit, el algoritmo y la desesperación.
Y no, no se trata de demonizar las drogas. La gente no se droga por el gusto químico. Se droga porque por un rato todo tiene sentido. Porque el cuerpo flota, el ruido se calla, y parece que hay un lugar. Pero ese lugar no existe. Es un rato. Y si no sabés salir, te volvés parte del decorado.
A mí me gusta entrar y salir. Saber cuándo, con quién, y por qué. Porque si hay algo que no pienso perder es mi percepción. Es lo único que me mantiene despierto cuando todo lo demás parece libertad y en realidad es loop.
Que lindo cuando tu amigo turrito con novia te deja usarle la verga como quieras🥵 mas cuando es una verga así de rica 🔥🍆
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Mañana lo subo completo a OF!
Me da toda la leche en la boca🔥