Hospital.
21 : 40.
Urgencias llenas.
Gente tosiendo.
Televisión encendida sin que nadie la mire.
Y un abuelo sentado solo.
83 años.
Chaqueta puesta.
Bolsa con ropa.
Y una pulsera de ingreso desde hacía 11 horas.
La enfermera se acerca.
—¿Ha venido alguien con usted?
—Mi hijo.
—¿Dónde está?
El hombre sonríe raro.
De esos gestos que ya saben la respuesta antes de hacer la pregunta.
—Tenía cosas que hacer.
Cosas.
La palabra más peligrosa del mundo.
Porque “cosas” puede ser trabajar.
O puede ser irte a cenar mientras tu padre espera solo en un pasillo oliendo a desinfectante.
A las 23:15 le llevan un yogur y un sándwich.
No puede abrir el yogur.
Le tiemblan las manos.
La auxiliar se lo abre.
—Gracias, hija.
Hija.
A una desconocida.
Porque a veces quien más te cuida no comparte tu sangre.
Comparte turno.
Medianoche.
Llama el teléfono.
Altavoz.
El hijo.
—¿Ya le han mirado?
—Aún no.
—Uf… es que mañana madrugo.
Madrugo.
Como si el viejo hubiera pedido ponerse malo para fastidiarle la agenda.
La enfermera le pregunta:
—¿Va a venir luego?
Silencio.
Pequeño.
Cobarde.
—Si hace falta, sí.
Traducción:
“No quiero, pero quiero seguir pareciendo buena persona.”
El abuelo escucha todo.
Y baja la mirada.
Eso fue lo peor.
No lloró.
No se enfadó.
No montó un drama.
Solo puso esa cara que pone la gente cuando entiende que ya molesta más de lo que importa.
A las 2:07 de la madrugada, después de pruebas y pasillos, el médico sale.
—Se queda ingresado.
La enfermera mira al abuelo.
—¿Llamamos a alguien?
Él tarda unos segundos.
—No hace falta. Estarán cansados.
Estarán cansados.
Qué frase tan triste.
Personas que lo dieron todo por sus hijos…
pidiendo perdón por seguir existiendo cuando envejecen.
Y ahí está el problema.
No es meter a alguien en una residencia.
No es necesitar ayuda.
No es no poder llegar a todo.
El problema es abandonar emocionalmente a quien estuvo 20 años sin dormir bien para que tú crecieras.
El problema es tratar a tus padres como una notificación incómoda cuando dejan de ser útiles.
Resumen:
Muchos presumen de “salud mental”, “límites” y “amor propio”.
Pero luego dejan a su padre solo en urgencias porque “mañana madrugan”.
Y eso no es autocuidado.
Eso es ingratitud con palabras modernas encima.
La hermandad de @hdadstagenoveva es un cofradión enorme, desde el primer nazareno de la cruz de guía hasta el último músico del Carmen de Salteras.
¿Y lo que le quiere su barrio y los que no somos de allí...?
¡Sí, la cofradía perfecta existe y reside en el Tiro de Línea!
#SantaGenoveva26 | El tiempo se detiene, ya es Lunes Santo en el Tiro de Línea.
Ya aguarda aquel que nos libera con sus manos atadas, ya reina quien es Merced y amparo de sus hijos.
Su barrio despierta, sus corazones laten, la espera se ha consumado.
#SSantaSevilla26
El que cuida también necesita que lo cuiden. El que da sorpresas también necesita recibirlas. El que piensa en todo el mundo también necesita que piensen en él/ella ✨
Lo que queda claro con el accidente de Adamuz es que hoy estamos aquí y mañana puede que no.
Por eso tú vida nunca puede centrarse en un Excel, pasar 12 horas detrás de un ordenador o sacrificar cosas por ahorrar un poquito más, hay que aprovechar al máximo el tiempo que nos queda en este mundo y disfrutar de la vida con tu familia y allegados.
Cuando pasan estás cosas nos damos cuenta de lo afortunados que somos por vivir, tener todo tipo de comodidades y discutir por gilipolleces.
Todo el ánimo a los heridos, familias y que descansen en paz las víctimas.
Ahora, mientras no para de llover, voy a contaros algo muy personal.
El año pasado, tal día como hoy, un 4 de enero, ya de vuelta a casa con la chaqueta en una mano y el tambor en la otra, se acercó a mí una mujer con una pequeña de unos diez años agarrada de la mano.
-Perdona chico, he salido tarde de trabajar y no hemos llegado a tiempo a ver al Heraldo. Mi niña tiene aquí la carta y le he dicho que, aunque no haya podido echarla en el buzón, los músicos tenéis contacto de primera mano con él, ¿verdad?
Me guiñó un ojo.
-Claro que sí -contesté seguro, devolviendo el guiño-, no tienes por qué preocuparte. Además, voy a contarte un secreto; cada 4 de enero, después de recoger las llaves de la ciudad y dejar a su caballo descansar, el Heraldo Real cena con todos los músicos de la banda, así que voy a tenerlo muy cerca. Yo se la daré.
Lucía llevaba semanas doblando y desdoblando aquella carta.
No era una carta cualquiera. Estaba escrita despacio, con letra grande y temblorosa, como se escriben las cosas importantes cuando aún no se sabe muy bien cómo sujetar el mundo con las manos. Había borrado dos veces su nombre porque no le gustaba cómo le había quedado la “L”, y había vuelto a empezar desde cero, convencida de que el Heraldo Real sabría notar la diferencia.
La carta olía a lápices de colores y a ilusión recién estrenada. Dentro no había grandes regalos: una muñeca que ya no se vendía y que había visto una vez en un escaparate; que su padre llegara antes a casa algunos días; que su madre dejara de llorar en la cocina cuando creía que nadie la veía. Al final, en letras más pequeñas, había añadido: “Prometo portarme bien incluso cuando esté triste”.
Lucía no pareció convencida del todo, pero me entregó la carta sin articular palabra. Su madre me lo agradeció, la pequeña agarró de nuevo su mano y las dos se marcharon caminando bajo las luces que flotaban sobre las calles más bonitas del mundo.
Antes de que desaparecieran de mi vista, pude oír una promesa; “el año que viene llegaremos a tiempo”.
Jamás he sentido mayor responsabilidad, y eso que yo no podía hacer nada. Me limité a apretar la carta de Lucía junto a la palillera y emprender la vuelta a casa.
Guardé aquella carta como un tesoro.
La mañana del 6 de enero, al despertar, solo pude pensar en que ojalá Lucía estuviera siendo feliz abriendo sus regalos.
Hoy, un año después, no están siendo días fáciles. La lluvia ha llegado y parece querer quedarse. Ya nos estropeó el día hace dos años, pero hoy es diferente.
Hoy Lucía debe llegar a tiempo.
No parece que vaya a ser un día fácil. Quizás las partituras y los instrumentos se mojen. Quizás se borre la tinta de las cartas de los más pequeños. Puede que tengamos que engalanarnos con chubasqueros o puede que, por la salud de los nuestros, y aunque no todo el mundo lo entienda, no podamos participar.
Y aún con todo lo anterior, yo buscaré a Lucía en cada esquina, con la carta en la mano y los nervios en su sonrisa.
Ser la música de la Navidad no solo es una responsabilidad. Es un privilegio.
𝐘 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐝𝐫𝐚́ 𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐢𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧.
Nadie te enseña lo que se siente cuando los hijos crecen y ya no están todo el tiempo contigo.
No es solo el silencio de la casa sin ruido, es ese que se mete en el ALMA, cuando ya no te preguntan qué hacer, cuando ya no te piden consejos, cuando empiezan a hacer su vida sin ti.
Y tú sonríes, claro que sí.
Porque eso es lo que siempre quisiste: verlos volar.
Pero por dentro, algo se rompe.
Porque ser papá y mamá de hijos grandes es diferente.
Es quedarse callado/a cuando ves que están cometiendo un error.
Es aguantarte las ganas de marcar cuando no contestan.
Es seguir queriendo sin meterte tanto.
Es mirar desde lejos, con el corazón apretado y las manos quietas.
A veces te cuentan sus cosas… pero muchas veces no.
Y tú haces como que no pasa nada.
Pero claro que duele.
Duele ya no estar en todo como antes.
Duele que ya no te necesiten tanto.
Y aun así, ahí estás.
Haciendo su comida favorita cuando vienen.
Ordenando fotos de cuando eran niños.
Rezando por ellos cada noche, con la esperanza de que estén bien.
Porque una madre y un padre, nunca deja de cuidar.
Solo aprende a hacerlo en silencio.
Desde un rincón.
Desde una oración.
Y ese es un amor que nadie nota… pero que lo sostiene todo.
Ser madre y padre siempre, es estar presente, aunque no noten su presencia.✍️
#EXPERIENCIAPROPRIA
Tenemos un auténtico equipazo que lleva 4 victorias en los últimos 5 partidos (1 empate) y que ha perdido una única vez en todo lo que va de temporada. Sin Isco, sin Bartra, sin Llorente, sin Deossa y hoy sin Amrabat. Viva el Real Betis Balompié y viva toda su gente. Disfruten.
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Si no has caminado nunca al lado del Señor del Tiro un Lunes Santo te diría que lo hagas porque el pellizco en el corazón te lo llevás para toda la vida.
@hdadstagenoveva@PasiondeLinares
Miedo? Miedo era cuando estábamos en segunda jugándonos nuestra supervivencia en cada campo.
Esta final es recordar de dónde venimos y todo lo que nos queda por delante lleno de beticismo.
Hay que dejarse la voz y animar por los que ya no están 💚