El 19 de septiembre de 1903, el genocida rey Leopoldo II de Bélgica emitió una declaración oficial en la que negaba las acusaciones de crueldad y abusos en el Congo, exigiendo a los paises que no interfirieran en la administración de su "territorio privado".
Este Hitler del que no se habla, quizás porque sus víctimas fueron negras africanas y no europeas, convirtió el Congo en una “empresa privada”, una colonia personal, donde estableció un régimen del terror de 24 horas de esclavitud para saquear todo el caucho y el marfil del pais, a los esclavos que no cumplian con su cuota diaria de cosecha, se les cortaba las manos.
Estados Unidos, fue uno de los primeros aliados del reinado de terror de Leopoldo II en el Congo, de hecho, 7 meses antes del infame congreso de Berlín, Estados Unidos ya había reconocido la propiedad de Leopoldo II sobre el territorio.
Leopoldo II construyó palacios con todo lo robado al Congo (como el actual Palacio de la Justicia de Bruselas) e incluso creó zoos humanos y secuestró como mascotas domésticas a los nativos congoleños a los que esclavizaba.
Se estima que este genocida colonialista belga asesinó al menos a 10 millones de personas, al 50% de la población, en apenas 20 años, uno de los genocidios más brutales de la historia.
Se habla mucho del mes de la prevención, pero de poco sirve llenar el mes de mensajes si seguimos demasiado encerrados en nosotros mismos como para escuchar cuando alguien, a veces en voz muy baja, está pidiendo auxilio.