Enamórate de alguien que, incluso en medio del enojo, no permita que el orgullo sea más fuerte que las ganas de arreglar las cosas contigo; alguien que busque hablar, escuchar y encontrar juntos la manera de volver a entenderse.
Las relaciones sanas también discuten, opinan distinto, se frustran y tienen inseguridades. Sano no es perfecto. Lo que hace que una relación sea sana es la forma de lidiar con esos problemas, juntos.
Dos contra los problemas, nunca uno contra el otro.
Te mereces flores sin ser un día especial y que te hagan el desayuno por la mañana. Mereces un mensaje por la madrugada diciéndote lo mucho que te aman. Mereces honestidad y respeto todos los días.
Te mereces lo mejor del mundo nunca menos.
Los vínculos no se sostienen únicamente con sentimientos; también necesitan presencia, atención y pequeños gestos que demuestren que seguimos eligiendo cuidarlos. Porque querer a alguien también implica estar, escuchar y hacer espacio para esa persona en nuestra vida.
Para mí, también es una forma de amor elegir mejorar cuando sabes que tus acciones pueden hacerte perder a alguien. No se trata de cambiar quién eres, sino de reconocer tus errores, crecer y aprender a cuidar mejor a quién quieres.
Para mí, también es una forma de amor elegir mejorar cuando sabes que tus acciones pueden hacerte perder a alguien. No se trata de cambiar quién eres, sino de reconocer tus errores, crecer y aprender a cuidar mejor a quién quieres.
Los vínculos también necesitan cuidado, presencia y reciprocidad. Sentir mucho por alguien no siempre es suficiente; también hay que estar, escuchar, cuidar y demostrarlo con acciones.
Creo firmemente que el amor también es una decisión. Enamorarse puede ser involuntario; permanecer, no. Hay una elección consciente en acompañar a alguien, hacerle lugar en tu vida y seguir construyendo incluso cuando las cosas se complican.
Una vez vi a un chico comprar flores y cuando la cajera le preguntó: “¿aniversario?” dijo: “no, solo tuvo un mal día ayer”.
Ese es el tipo de amor por el que rezo.