Que un cargo público sea grabado rompiendo una cerradura para asaltar, registrar y grabar el local de una organización estudiantil es de una gravedad democrática extrema.
No es política, es matonismo puro y duro. Esto es absolutamente intolerable.
Si un doctor honoris causa se otorga a alguien sin trayectoria académica —ni siquiera con bachillerato—, no se está reconociendo conocimiento, sino notoriedad. Y eso devalúa a la universidad.