Le golpea brutalmente sin motivo y para rematar la jugada, como buen sinvergüenza que es, le detiene, como suelen hacer los cobardes y malos policías para tapar su delito. El resto de policías aseguran la detención y encubren, con ello el círculo de impunidad policial se cierra.
Infiltran policías en colectivos, espían, engañan y joden la vida a decenas de personas solo con ma intención de reprimir, y cuando se les descubre y se informa van a por ti. Así funciona la libertad de asociación y expresión en los regímenes parlamentarios burgueses.
Denunciamos el maltrato de un juez de instrucción de Madrid contra una víctima de violencia sexual, a la que gritó, amenazó, no le permitió sentarse o beber agua e hizo dibujar el pene de su agresor en el aire. El CGPJ la archivó porque dijo que no veían actitud reprochable 🤯
13 de Marzo de 1978
Ese día fue descubierto el túnel por el que ocho reclusos pretendían escapar de la prisión de Carabanchel. Entre ellos estaba Agustín Rueda, militante anarquista y antifranquista de 25 años que había sido condenado por atravesar clandestinamente la frontera desde Perpiñán llevando fotocopiadoras para la CNT.
Fueron sacados de sus celdas para ser interrogados. Golpeados y torturados dejaron un reguero de sangre, hematomas y fracturas en los terribles sótanos de la cárcel. Agustín fue el último “interrogado”, no delató a nadie. Cuando fue devuelto a las celdas tenía todo el cuerpo negro de los golpes recibidos, apenas podía pronunciar palabra, tan solo repetía una y otra vez que se encontraba muy mal y creía que iba a morir.
Llegaron dos médicos de la prisión y comprobaron la insensibilidad de las piernas de Agustín con agujas. Uno le dio una patada en las costillas diciéndole: “Eso es de la humedad del túnel”. A las 10 de la noche los carceleros pusieron a Agustín dentro de unas mantas y se lo llevaron a rastras, inconsciente, con los ojos en blanco. Murió esa misma noche en el hospital penitenciario de Carabanchel. Los otros siete presos torturados reconocieron y declararon contra los asesinos sin ningún género de dudas. Por ello fueron represaliados y trasladados a distintas cárceles donde fueron sometidos durante días a todo tipo de abusos y palizas con el fin de obligarles a retirar sus testimonios.
Diez años después de su muerte, el director de la cárcel y diez funcionarios fueron procesados por la Audiencia Provincial de Madrid que les condenó a entre 8 y 10 años de prisión. Ninguno de los condenados permaneció en la cárcel más de 8 meses.
Palestine Action activists have received more prison time than every British soldier who murdered Irish civilians combined
There is no justice in Britain
La presunción de veracidad de la policía, es la mayor estafa contra la democracia que tiene España.
Si ante una agresión
, innecesario, grave y con lesiones a una jubilada salen todos los sindicatos a defender esa acción.
Solo imaginaros que han sido capaces de defender de puertas para dentro.
Imaginaros que han sido capaces de inventarse cuando es su palabra contra la tuya.
No te puedes fiar de un policía, no te puedes fiar de sus sindicatos y no te puedes fiar del cuerpo hasta que se democratice internamente.
En la transición la vida de un anarquista costaba 150 euros.
En la noche del 28 de marzo de 1980 una banda compuesta por 10 fascistas armados con bates, navajas y un machete salieron a la caza de rojos por las calles de Madrid. Entre los fascistas estaban José Juan Llobregat "El Loco", José María Vargas Villalba "El Jerezano" y José Miguel Gómez Gonzáles "El Masa", jefe de centuria de Fuerza Nueva.
Localizaron a un joven obrero de 21 años, Jorge Caballero Sánchez, porque llevaba barbas, pelo largo y vieron su insignia con el emblema anarquista en la solapa, una «A» mayúscula sobre fondo negro. Está afiliado al sindicato de la construcción de CNT de Madrid. Los fascistas le insultaron a su novia y a él cuando salían del Cine Azul de ver la película "La naranja mecánica".
A continuación le dieron una paliza a base de patadas, golpes de bate y puñetazos. Una vez en el suelo, sangrando, Jorge Caballero intentó levantarse, y cuando estaba indefenso y sin posibilidades de eludir el golpe, José Juán Llobregat hundió su machete en el pecho de Jorge hasta la empuñadura.
A Jorge, que tardó en morir quince días, le atravesó el hígado y parte del pulmón derecho. Una vez cumplido su crimen, los fascistas huyeron. El jefe de Fuerza Nueva, Ricardo Alba, ayudó a José Juan Llobregat a salir del país, proporcionándole fondos y medios.
El juicio contra los otros dos se celebró en 1987. Fue otra burla: sólo les acusaron de "desórdenes públicos" y no de asesinato. Les condenaron a pagar 25.000 pesetas (150 euros) de multa a la familia de Jorge. El juez que redactó la sentencia fue Carlos Entrena, antiguo miembro del Tribunal de Orden Público del franquismo, quien ni siquiera mencionó la condición fascista de los acusados, ni reconoció que habían amenazado con sus armas a los transeúntes en varias ocasiones durante aquella misma noche.
Otros colaboradores del asesinato que estaban presentes en el lugar del asesinato fueron Fernando Saliquet de la Torre, Felipe Queipo Zimmerman, Antonio Pagazanturdia Irache, Pascual García Porras y los hermanos Miguel Ángel y Javier Fernando Masia Linaza. Todos ellos eran miembros de Fuerza Nueva.
El tercer asesino, José Juan Llobregat, sigue prófugo. Después de tantos años la policía no le ha querido localizar.
Los jueces deberían ser responsables subsidiarios de las consecuencias que tienen sus decisiones.
No puede ser que dejes libre a un tipo que se salta la orden de alejamiento, mate a su expareja al día siguiente y tú te quedes tan pancho en tu casa.
El asesinato de Pedro Álvarez (20 años) a manos de la Policía, en L’Hospitalet de Llobregat.
Ese 15 diciembre de 1992, Pedro volvía a casa con su compañera cuando un coche a gran velocidad estuvo apunto de atropellarla.
Ante la protesta de la joven, el conductor del vehículo se bajó y la tiró contra el suelo de un empujón y Pedro intentó defenderla. La respuesta del conductor del vehículo fue sacar un arma y asesinar a Pedro Álvarez disparándole a bocajarro en la cabeza.
Tres días mas tarde, se detiene al policía nacional José Manuel Segovia; la matrícula del coche y el modelo coinciden, las balas utilizadas también y los testigos lo reconocen como el asesino. A pesar de todo esto, 8 días después la jueza decreta su libertad sin fianza.
El caso fue sobreseído en el 2000. Los familiares y solidarios llevan años luchando porque se haga justicia y no se olvide este crimen. Han sufrido amenazas e intimidaciones por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.
Incluso se llegó a abrir un proceso judicial contra Juanjo Álvarez (el padre de la víctima) donde se le acusaba de colaborar con ETA.
La @PlataformaPedro lleva años luchando contra la impunidad y el olvido.
Recordar que estos sujetos llevan pistola y su palabra se considera prueba.
Impunes incluso cuando sus tropelías quedan grabadas, como vimos en Torremolinos.
Se está ejecutando una demolición ilegal. La licencia está suspendida. Ayer por la noche lo pusimos en conocimiento del Delegado de Urbanismo y de la policía municipal. Voy a avisar ahora mismo de nuevo y a volver a llamar.
Esta técnica me la conozco bien: elimina al menos el tejado que en un par de meses el agua te hace el trabajo ella sola.
-Los inquilinos de un edificio tienen contrato de alquiler hasta 2029
-Una 🪳 compra el edificio y quiere subir los contratos. Como no puede según la ley, intenta echar a los inquilinos y recurre a los nazis
La prensa los llama okupas
Asco es poco
Horrible, horrible people. And they really expect anyone to gaf about them crying on TV that the government is gonna ban them from doing this. That only makes me support the ban more.
El 21 de diciembre de 1973 la policía iniciaba una ‘caza al hombre’ para intentar capturar a cualquier precio a los autores del ajusticiamiento de Carrero Blanco.
Esa madrugada la muerte se cruzó con un joven de 19 años, que no tenia ninguna relación con los hechos. Se llamaba Pedro Barrios González y salia de trabajar del Drugstore cuando tuvo el infortunio de pasar corriendo -huyendo de la intensa lluvia- por uno de las decenas de controles que la policía había montado por toda Madrid.
No preguntaron. No dudaron en disparar. La bala le atravesó la mandíbula, dejándole herido de muerte. El día 5 de enero, tras dos semanas de agonía, moría en el cercano Gran Hospital.
Su muerte solo la recogieron algunos periódicos, y cuando lo hicieron fue para sugerir su posible vinculación con el atentado, pues entonces de la actuación policial no se hablaba.
Pasó a ser una cifra más, olvidada, de todos los muertos y asesinados por la violencia ultraderechista y policial durante la larga noche del franquismo y la transición.