Las redes sociales nos dañaron la percepción de la vida normal. Todo el mundo parece estar viajando, enamorado, facturando, estrenando cuerpo y desayunando frente al Mediterráneo. Mientras tanto, la mayoría estamos buscando el cargador, pensando qué cocinar y dejando una lavadora puesta por tercera vez porque olvidamos sacar la ropa.
Cuanto más viejo me hago, más me doy cuenta de que la felicidad consiste en mañanas tranquilas, un espacio limpio, noches tempranas, un hogar seguro y personas que no agoten mi energía.
Tengo personas en mi vida que me tratan tan bien que ni siquiera saben que han establecido un estándar de cómo permito que todos los demás me traten, y creo que eso también es amor.
me di cuenta que lo que cura no es el contacto cero, ni el tiempo, ni siquiera la terapia, lo que en realidad te cura es aceptar tus sentimientos, dejarlos existir, saber lo que merecés y que no necesitás superar al 100% las cosas para vivir una vida feliz y tranquila.