#Colombia | Se siguen sumando hospitales a la crisis desatada por las millonarias deudas del sistema de salud. La Clínica Juan N. Corpas solo tienen en servicio cuatro camas de su unidad de cuidados intensivos, mientras que la Clínica Medical cerró cuatro de sus puntos de atención en Bogotá.
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La corbata es mi uniforme de trabajo, es un símbolo de respeto hacia el ciudadano, de puntualidad, de seriedad y de método. Ahora, llegó el momento de reemplazar esas corbatas que no hacen nada y solo llegan a robarse los impuestos de los ciudadanos, por aquellas que honran lo público y con experiencia trabajan por el bienestar del país. Redefinamos el verdadero significado de llevar la corbata.
Nadie es más que nadie, y eso es algo que los soberbios no entienden. Puedes tener todo lo que quieras, que ningún bien material te hace mejor o peor ser humano. La verdadera riqueza de las relaciones está en comprender que todos te pueden aportar algo positivo.
La soberbia es enemiga de la felicidad. El que se cree mejor que los demás y vive en delirios de grandeza no puede ser feliz, porque olvida que la vida se construye y es mejor con gente que esté dispuesta a amarte por lo que eres.
Estamos llamados a ser misioneros de #paz, y esto nos dará paz. Es una decisión: es hacer sitio para todos en nuestro corazón, es creer que las diferencias no son obstáculos, que los demás son hermanos y hermanas, que cada uno es destinatario de la paz que Jesús trajo al mundo.
VIERNES 12 DE ABRIL: No importa cuán difíciles sean los desafíos que enfrentes hoy, pronto llegará el día donde DIOS pondrá todas las cosas en su lugar y te dirá: observa, esto es lo que tenía preparado ti, disfrútalo.
Nunca dejes de confiar, AMÉN 🙏
Niños, papás y la maldición de los celulares inteligentes
Los celulares, palabras más, palabras menos, están construyendo a una generación de incompetentes y perdedores.
No son pocos los padres de familia que se me han acercado pidiéndome consejos sobre si darles un celular a sus hijos pequeños. Por pequeños me refiero de 10 a 14 años. Más allá de cómo lo hemos manejado en mi casa –no habrá celular sino hasta los 14 años–, no son muchas las recomendaciones que puedo darles, pues hasta a mí se me ha vuelto un verdadero dolor de cabeza el manejo de este. No pasa un día sin que me exijan un celular.
Empecemos por sincerarnos. Los celulares son una mierda, una mierda para el desarrollo de los niños. Me disculparán mi lenguaje, pero no encuentro otra expresión más precisa que refleje mejor mi frustración frente a la materia. El uso de estos dispositivos está idiotizando a nuestros menores. No solo los están convirtiendo en entes huecos, sino que a la par los están volviendo adictos a un contenido majadero, plano y realmente embrutecedor.
La severidad de la crisis que se avecina aún no la sabemos, pero no hay que tener un doctorado para concluir que será muy grave. Los niños que están hoy conectados a un celular son más ansiosos, se deprimen con mayor facilidad y están durmiendo muchísimo menos. Suelen quejarse con frecuencia de que sus vidas no tienen sentido y son más proclives a lastimarse o a hablar del suicidio. Solo por darles un dato: entre 2007 y 2017, las muertes por suicidio entre niños de 10 a 14 años se duplicaron.
Estudios adelantados por universidades estadounidenses y europeas indican que estos jóvenes están muchísimo menos interesados en el mundo real, en salir a divertirse a la calle, en tener relaciones sexuales, en comprar un carro o en irse de las casas de sus papás eventualmente.
Sus vidas giran en torno a los dramas que comparten otros en redes sociales, y se identifican con estos de manera inmediata. Los celulares, palabras más, palabras menos, están construyendo a una generación de incompetentes y perdedores. Suena duro y difícil decirlo, pero no son precisamente Einsteins o Mozarts los que están surgiendo hoy en día. Y la culpa no es de los niños. La culpa es de nosotros.
¿Y estamos haciendo algo al respecto? Poco o nada. Lo sorprendente, y en esto ‘The New Yorker’ atina de forma magistral en una investigación reciente, es la ausencia de una voluntad colectiva por parte de los adultos, de los padres de familia, para que esto no suceda en la escala en la que se está produciendo. Al contrario, estamos acelerando el problema. Cada vez son más los niños menores de 14 que andan con un iPhone en sus manos.
¿Qué les pasará por la cabeza a los papás que les regalan a sus hijos de 10 a 14 años un celular inteligente? Además de una monumental falta de criterio, que es un piropo, me reservo a agregar las otras tantas razones que se pasan por mi cabeza. De igual forma, ¿quién les dijo a los colegios que educar a través de un iPad a niños de 11 años era una buena idea? “Sí, tenemos estrictas políticas de bloqueo y solo acceden a aplicaciones educativas”, señalan. “Ajá”, responden muchos papás.
En fin, a la pregunta que se hacía ‘The New Yorker’ sobre si seremos capaces de alejar a los niños de los celulares, la respuesta pareciese ser un no categórico. Con el solo hecho de que un par de niños tengan un dispositivo de estos, el efecto dominó se vuelve incontrolable.
Es una batalla perdida, pero ojalá muchos papás que aún tienen a sus niños pequeños tomen conciencia de lo que nos está pasando a quienes hoy tenemos preadolescentes o adolescentes. Papitos, mamitas –como nos dicen en los colegios–, nuestros hijos NO deben tener celular hasta que sus cerebros tengan el desarrollo psicológico y social adecuados.
Y una reflexión final para los colegios que les dan iPad a los niños a temprana edad: ¿acaso olvidaron el poder, la fuerza y el valor de los libros?
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Nos llaman "Los Ancianos".
Nacimos en los 60s y 70s.
Crecimos en los 70s y 80s.
Estudiamos en los años 70-80.
Salimos juntos en los 70-80-90.
Nos casamos y descubrimos el mundo en los 70-80-90.
Nos aventuramos en los 80-90.
Nos estabilizamos en la década de 2000.
Nos hicimos más sabios en 2010.
Y vamos firmemente más allá del 2020.
Parece que vivimos varias décadas diferentes...
DOS siglos diferentes...
DOS milenios separados...
Hemos pasado del teléfono con un operador de llamadas de larga distancia a videollamadas a cualquier parte del mundo.
Hemos pasado de diapositivas a YouTube, discos de vinilo a música en línea, cartas escritas a mano al correo electrónico y WhatsApp.
Desde la radio juegos en vivo, hasta la televisión en blanco y negro, hasta la televisión a color y luego a la televisión 3D HD.
Fui a la tienda de videocasetes y ahora veo Netflix.
Conocimos las primeras computadoras, tarjetas perforadas, disquetes y ahora tenemos gigabytes y megabytes en nuestros smartphones.
Llevamos pantalones cortos toda la infancia y luego pantalones, Oxford, cohetes, carcasas completas y vaqueros azules.
Esquivamos la parálisis infantil, la meningitis, la polio, la tuberculosis, la gripe porcina y ahora el COVID-19.
Solíamos andar en patines, triciclos, bicicletas, ciclomotores, coches de gasolina o diesel y ahora manejamos híbridos o eléctricos.
Sí, hemos pasado por mucho, ¡pero qué vida hemos tenido!
Podrían describirnos como "ejemplares", personas nacidas en ese mundo de los cincuenta, que tuvieron una infancia análoga y adultez digital.
¡Hemos como "lo he visto todo"!
Nuestra generación literalmente ha vivido y a sido testigo más que nadie en todas las dimensiones de la vida.
Es nuestra generación la que literalmente se ha adaptado al "CAMBIO. "
Un gran aplauso a todos los miembros de una generación muy especial, que será ÚNICA!
JUEVES 28 DE MARZO: JUEVES SANTO, Hoy recordamos el amor incondicional de Cristo, quien lavó los pies de sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio.
Sigamos su ejemplo de amor hacia los demás y hagamos de la bondad nuestra manera de honrar al Señor, AMÉN 🙏
Dios nuestro, no permitas que nuestro corazón se llene de sentimientos negativos que son fuente de amargura y dolor, permite que sepamos perdonar y dar amor a todos.
Dios nuestro, bendice nuestros planes, permite que con amor, inteligencia y firmeza podamos realizarnos. Danos tu sabiduría para no desfallecer ante las dificultades y saber actuar correctamente.
AMADO DIOS, sé que todo lo que está sucediendo en mi vida es parte de tu plan; por eso solo te pido, Dios omnipotente, que me des las herramientas, la sabiduría y la compañía para poder seguir adelante, en tu poderoso nombre.
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Dios nuestro, tengo la esperanza de que hoy será un día de bendición, sigo creyendo que tu gracia me acompaña y contigo puedo lograr todo lo que te he pedido, porque tú eres bueno con todos.