Para todos los que me habéis pedido más información sobre el tema del cáncer:
Tengo un carcinoma papilar de tiroides de hasta 6 cm en el lóbulo izquierdo. Ha tenido un crecimiento bastante rápido, pero aparentemente está localizado. Aun así, el cirujano me comentó que, por el tamaño y las características del tumor, existe la posibilidad de que haya metástasis en los ganglios del cuello.
Después de unas semanas de espera, por fin ya tengo fecha: me operan el día 20 de agosto en el Hospital Universitario Central de Asturias. El tratamiento establecido es una tiroidectomía total (extirpación de la glándula tiroides), tras la cual tendré que tomar levotiroxina de por vida.
Después de la cirugía, con el resultado definitivo de anatomía patológica, determinarán el estadio y las características definitivas del tumor, y con ello ajustarán la dosis de yodo radiactivo que recibiré. El tratamiento con yodo está ya establecido; lo que dependerá del resultado de la cirugía es la dosis y la modalidad. Puede ir desde un tratamiento ambulatorio hasta dosis que requieran ingreso y aislamiento durante unos días.
Después comenzará el seguimiento. Aunque el pronóstico del carcinoma papilar suele ser muy bueno, no es algo que se pueda dar por cerrado inmediatamente y tendré controles durante años para asegurar que todo está controlado.
Anímicamente he estado muy mal, no os voy a engañar. Probablemente en el peor momento de mi vida. Pero trabajar en mi cabeza y, sobre todo, en cómo percibo y afronto las cosas que no dependen de mí, me ha ayudado muchísimo.
Esto último da para un hilo bastante más extenso. Han sido muchas las enseñanzas que me llevo de todo esto, y probablemente todavía me queden muchas por aprender.
Os dejo también una foto del pedazo de huevo que tengo en el cuello, que cada día está más grande el cabrón. Ya tengo hasta estrías.
Y muchísimas gracias a todos por los mensajes de apoyo. Se agradecen muchísimo. 🫶
Aujourd’hui, une fois de plus, quelqu’un m’a dit :
— Ton travail ? Nettoyer des culs.
Et croyez-moi… ce n’est pas la première fois que je l’entends.
Mais ce soir, je veux répondre clairement.
Oui, je suis aide-soignante.
Et oui, je nettoie des culs.
Mais je fais aussi bien, bien plus que cela.
Je lave des corps fragiles.
J’habille des mains tremblantes.
Je nourris des bouches fatiguées.
J’offre des mots doux là où il n’y a plus que le silence.
Je rends leur dignité à ceux qui ne peuvent plus la préserver eux-mêmes.
Je prends soin d’hommes et de femmes qui ont tout donné à ce monde.
Et qui, aujourd’hui, ne méritent qu’une chose : être soignés avec humanité.
Réduire ce métier à « nettoyer des derrières », ce n’est pas seulement faux.
C’est insultant.
Parce que derrière chaque geste, il y a du respect.
Derrière chaque contact, il y a de la délicatesse.
Derrière chaque garde épuisante, il y a un cœur qui a choisi de servir.
Et vous savez quoi ?
Ceux qui se moquent de ce métier sont souvent ceux qui n’ont jamais eu besoin d’aide.
Qui n’ont jamais vu un parent perdre son autonomie.
Qui n’ont jamais eu à accepter leur propre fragilité.
Mais ce jour viendra.
Et ce jour-là… ils seront reconnaissants de nous trouver.
Reconnaissants de trouver quelqu’un qui ne juge pas.
Qui tend la main.
Qui soigne avec dignité, patience et amour silencieux.
Notre métier est fait de personnes.
Il est fait de courage.
Il est fait de présence, quand tout le reste s’efface.
Ce n’est pas un travail comme les autres.
C’est un travail vital.
La prochaine fois que cela vous fera rire… réfléchissez-y.
Car un jour, peut-être, ce sera votre tour.
Et vous serez heureux qu’à vos côtés, il y ait quelqu’un comme nous.