Después de tenerle tanto miedo a estar sola, entendí que la soledad no siempre es tristeza. A veces es compañía, paz y la que te abre los ojos para ver las cosas como realmente son. Y aunque me costó aceptarla, hoy me hace sentir bien.
Últimamente le pido mucho a Dios que me dé la sabiduría y la inteligencia emocional para entender que no todo tiene que salir como espero. Que me ayude a aceptar lo que no puedo controlar, soltar lo que no depende de mí y confíar en que no todo lo que cambia de rumbo está mal.
Un día me curaré y te superaré, y antes de que eso ocurra, quiero que recuerdes esto: Lloré por ti, di mi vida por ti, incluso cuando pensé en perderte, se me cortó la respiración. Ore por ti, me culpé a mí mismo, sentí que no era suficiente para ti y me odié por eso.
Nadie habla sobre lo agotador que es vivir en ese espacio entre "las cosas van a mejorar" y "no aguanto más esto". Es como si tus emociones estuvieran constantemente oscilando. Dejándote al mismo tiempo esperanzado y derrotado en el mismo día.
Lo peor que puedes hacer conmigo es ocultarme cosas; y lo segundo, subestimar mi capacidad para darme cuenta. Puedo aceptar verdades incómodas, pero me cuesta mucho más aceptar que intenten engañarme.
Nadie habla de lo difícil que es tener sentimientos encontrados, sentir amor por alguien y a la vez tristeza por el dolor que te ha causado, sentir alegría y a la vez enojo por sus acciones; ojalá fuera tan fácil sentir solo un sentimiento pero, la mayoría de las veces no es así
No soporto las mentiras, ni que me oculten cosas pensando que no voy a darme cuenta. no me gusta tener que sospechar y, peor aún, descubrir que al final mis presentimientos tenían razón.