🟡 LEY DE NIETOS | HISTÓRICO
💥 PARDO CONSIGUE PARALIZAR LA LEY DE NIETOS
👏LO HEMOS CONSEGUIDO
El Tribunal Supremo estima las medidas cautelares solicitadas por Iustitia Europa y ordena suspender los efectos electorales de las nuevas altas automáticas en el CERA afectadas por nuestra petición mientras se resuelve el fondo del recurso.
@LMPardoAbogado fue el primero en actuar ante la JEC. Fuimos los primeros en recurrir su decisión ante el Supremo. Y hoy conseguimos lo que el Gobierno y la Abogacía del Estado pidieron expresamente que no ocurriera.
Hoy la sociedad civil demuestra otra vez que actuar sirve.
👊 HACIENDO HISTORIA
💛 Iustitia Europa. El partido de la sociedad civil
Hoy, 19 de agosto, es el primer día del año en el que un español medio empieza a trabajar para sí mismo.
Los 231 anteriores fueron para pagar impuestos.
Casi dos tercios del año.
El pueblo español es el que nunca falla cuando sufrimos tragedias en España.
NUNCA.
Gracias a todos los que estáis librando una lucha titánica contra el fuego. Dios os guarde.
"Solamente hay un derecho humano básico: el derecho a hacer lo que a uno le plazca. Y con él viene el único deber humano: afrontar las consecuencias"
P. J. O' Rourke
¿Por qué todos vemos lógico que en una comunidad de vecinos no pueda votar el que no esté al corriente de pago de sus recibos y, sin embargo, aceptamos que en las elecciones puedan votar aquellos que no solo no contribuyen a la caja común, sino que además se benefician de ella en forma de subsidios?
Cambiar esto acabaría de una vez con el clientelismo y con la compra de votos a costa del dinero de los esforzados contribuyentes netos.
Además, excepto justificadas situaciones, la situación de “subsidiado” debiera ser coyuntural y no hacer de ella una forma de vida.
"Que el hombre que en 2020 pronosticó que no habría más que un puñado de contagios siga al frente del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias tras la muerte de cien mil personas dice mucho de cómo entendemos la rendición de cuentas en España"
Buenísimo, @davidmejia_.
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🚨Charlie Munger: "Si eres un socialista puro, estás loco. Un auténtico loco. Y no un LOCO moderado, sino un verdadero loco. Puedes ser un completo chiflado con un IQ alto. Si queremos una sociedad productiva, inevitablemente tendremos incentivos personales para que cada uno gestione sus propios asuntos; y si hacemos eso, obtenemos resultados desiguales en la distribución de la riqueza".
El impuesto a la herencia no es un mecanismo de justicia.
Es una confiscación que castiga la orientación al futuro.
Empecemos por lo básico.
Tu propiedad es tuya. No es del Estado, de la sociedad, ni de una abstracción colectiva.
Si ganaste algo legítimamente, tenés un derecho absoluto a decidir qué hacer con eso: consumirlo, regalarlo, destruirlo o transferirlo a quien te dé la gana.
A tu hijo, a tu sobrino, a un desconocido.
Esa decisión es parte del derecho de propiedad.
No existe propiedad plena si no incluye el derecho a transferirla voluntariamente, incluyendo el momento de tu muerte.
Los derechos de propiedad implican el derecho a dar esa propiedad a quien uno desee. Herencia, donación, venta.
No hay diferencia de principio entre las tres.
Son transferencias voluntarias.
El Estado no tiene título legítimo sobre tus bienes ni antes ni después de tu muerte.
Cuando alguien dice que nadie merece recibir algo solo por nacer en una familia rica, está formulando una objeción moral que parece razonable pero que tiene una premisa venenosa.
Está asumiendo que hace falta merecer la propiedad para poseerla legítimamente. Eso es falso.
La propiedad no se justifica por mérito: se justifica por título. ¿Quién la produjo, quién la intercambió, quién la cedió voluntariamente?
Si la cadena de títulos es legítima, la propiedad es legítima. No importa si el receptor es un genio o un inútil.
Vos no mereciste nacer con dos piernas. No mereciste nacer con un cociente intelectual determinado. No mereciste que tus padres te enseñaran un idioma y no otro. Todo eso también te lo dieron.
¿Vamos a redistribuir inteligencia, salud y educación familiar para que nadie arranque con ventaja?
La objeción al privilegio de nacer llevada a sus últimas consecuencias es un programa totalitario.
No se detiene en la herencia material.
Ahora bien, el argumento no es solo ético. Tiene una dimensión económica que casi nadie desarrolla.
La preferencia temporal baja es el motor de la civilización.
Una persona con baja preferencia temporal ahorra, invierte, acumula capital, posterga consumo presente en favor de rendimiento futuro.
Y una de las expresiones más puras de la baja preferencia temporal es exactamente construir un patrimonio para la siguiente generación.
El padre que trabaja décadas para dejarle algo a sus hijos no está perpetuando un privilegio.
Está haciendo exactamente lo que sostiene el proceso civilizatorio: sacrificando gratificación inmediata para extender la estructura de capital más allá de su propia vida.
El impuesto a la herencia castiga precisamente eso.
Le dice a ese padre que todo el sacrificio que hiciste para construir algo que trascienda tu vida, el Estado se lo va a llevar cuando mueras.
El efecto es un aumento de la preferencia temporal. Si no podés transmitir tu capital, ¿para qué acumularlo? Mejor consumirlo ahora.
El impuesto a la herencia no reduce la desigualdad: destruye el incentivo a la formación de capital intergeneracional, que es la base material de la civilización.
Pensá en las familias que construyeron industrias durante generaciones. Cada generación agrega capital, mejora procesos, extiende horizontes de inversión.
Esa cadena es lo que diferencia a las sociedades prósperas de las que viven en subsistencia permanente.
El impuesto a la herencia corta esa cadena.
Obliga a vender activos productivos para pagar al fisco, fragmenta empresas familiares, destruye estructuras de capital que tardaron décadas en formarse.
El capital que un fundador acumuló durante cuarenta años se liquida en un año para satisfacer al recaudador.
Japón es un ejemplo ilustrativo: tiene uno de los impuestos a la herencia más altos del mundo, hasta el 55%.
También tiene tres décadas perdidas de estancamiento económico, una tasa de natalidad en caída libre y una sociedad donde la formación de nuevas familias se posterga indefinidamente.
No es el único factor, pero castigar la transmisión intergeneracional de capital no es exactamente una receta de prosperidad.
La familia es la unidad institucional básica del orden natural.
Cuando el Estado interviene en la transmisión de patrimonio dentro de la familia, no está corrigiendo una injusticia.
Está destruyendo la institución que compite con él por la lealtad y la organización social del individuo.
Un padre que puede dejar algo a sus hijos no depende del Estado.
Un hijo que hereda capital productivo no necesita la asistencia estatal.
La familia autónoma es un problema para el poder político.
El impuesto a la herencia no es una herramienta de control.
La pregunta nunca fue si ¿es justo que alguien herede?.
La pregunta correcta es o debe ser ¿con qué derecho un tercero se interpone entre un padre y su hijo para quedarse con parte de lo que uno decidió dar y el otro recibir?
Eso no es justicia distributiva.
Javier Milei en el Madrid Economic Forum:
“El coste de la libertad es su eterna vigilancia, porque del otro lado tienen parásitos, vagos, que no sé si odian más bañarse o trabajar. Los zurdos roñosos no producen nada”.
El sistema penal moderno no hace justicia. Administra castigo en nombre de una abstracción.
Cuando alguien roba, la víctima concreta pierde su propiedad. Hasta ahí el hecho es claro. Lo que ocurre después es el problema: el Estado se apropia del conflicto, declara que el delito fue cometido contra la sociedad y procede a encarcelar al agresor a costa del contribuyente. La víctima queda exactamente donde estaba: sin su propiedad y sin compensación (en la mayoría de los casos).
El criminal no le debe nada a la sociedad. Le debe a la persona a la que agredió. Pero el sistema actual elimina a la víctima de la ecuación y la reemplaza por un fiscal que representa al Estado, no al damnificado. El resultado es un proceso donde el único que no tiene voz real es el que sufrió el daño.
Y el absurdo se multiplica: para mantener al agresor encerrado, el Estado le cobra impuestos a la víctima. Te roban, y después te cobran para alimentar y alojar al que te robó. La víctima paga dos veces, una por el delito y otra por el remedio.
Un sistema de justicia basado en el derecho de propiedad haría exactamente lo opuesto. El eje no sería el castigo sino la restitución. El agresor tendría una deuda con la víctima, no con una entidad abstracta, y la resolución del conflicto pasaría por reparar el daño concreto: devolver lo robado, compensar los costos, resarcir el perjuicio.
La justicia es restitutiva o no es justicia, es venganza estatalizada con presupuesto público.
El sistema penal actual no existe para proteger a las víctimas. Existe para sostener el monopolio estatal de la violencia y su aparato burocrático de jueces, fiscales, cárceles y funcionarios que viven del conflicto ajeno sin resolverlo jamás.
La habilidad más valiosa de la historia acaba de cambiar para siempre.
Elon Musk te entrega el único sistema de supervivencia que importa.
Musk: «Lo más importante es: ¿qué preguntas no sabemos hacer?».
Durante siglos, la persona más inteligente de la sala era la que tenía más respuestas.
La IA no ha igualado el terreno de juego. Lo ha quemado.
La superinteligencia que llevas en el bolsillo responde a cualquier pregunta. Al instante. A la perfección. Gratis.
Musk: «Una vez que conoces la pregunta, la respuesta suele ser la parte fácil».
Deja que eso cale.
La próxima generación de ganadores no se definirá por lo que saben. Se definirá por lo que piensan preguntar.
La IA ha convertido la ejecución en un producto básico.
Guion, plan, código, estrategia. Los modelos se encargan de todo.
El cuello de botella nunca fue la inteligencia. Nunca fue el trabajo. Es la curiosidad. Siempre ha sido la curiosidad.
La educación tradicional ha dedicado décadas a entrenarte para memorizar respuestas. La IA lo ha dejado obsoleto de la noche a la mañana.
El valor humano ya no está ligado al conocimiento. Está ligado al juicio de qué problemas merecen la pena resolver.
Esa es la brecha que las máquinas no pueden cerrar.
Porque hacer la pregunta correcta no es una habilidad. Es una visión del mundo.
Requiere gusto. Intuición. La capacidad de mirar un paisaje que todos los demás están contemplando y ver lo único que a nadie se le ocurrió cuestionar.
Domina el arte de hacer la pregunta exacta a una máquina que lo sabe todo y podrás construir cualquier cosa.
La habilidad no es saber. Es saber qué preguntar.
Ese juicio, ese gusto por lo que vale la pena perseguir, es la última ventaja verdaderamente humana. La única por la que los mercados seguirán pagando.
Las respuestas ahora son infinitas. Gratuitas, instantáneas y disponibles para todos los habitantes del planeta por igual.
Lo único que te separa de la persona que creará la próxima gran empresa es la calidad de tus preguntas.
Las respuestas son gratuitas. Las preguntas lo son todo.
Mises fue uno de los primeros en señalar que el socialismo no es solo un sistema económico fallido, sino también una manifestación del resentimiento. En La acción humana, Mises sostiene que el socialismo es impulsado, no por un deseo genuino de justicia, sino por el odio hacia el éxito ajeno. En su análisis, identifica lo que denomina como “resentimiento del mediocre”, una actitud que busca destruir al que sobresale en lugar de elevar al que está abajo. El socialismo, según Mises, es una rebelión contra la desigualdad natural del talento, del esfuerzo y del mérito; es una doctrina que intenta imponer por la fuerza una igualdad que la realidad humana niega.
Friedrich Hayek, en Camino de servidumbre, advirtió que el socialismo no solo conduce al totalitarismo político, sino también a la degeneración moral del individuo. Para Hayek, el colectivismo elimina la responsabilidad personal y fomenta el servilismo, premiando la obediencia y castigando la autonomía. La planificación central, al suprimir la espontaneidad del orden social, también ahoga las virtudes que sustentan la civilización: el esfuerzo, la frugalidad, la honestidad. De esta manera, el socialismo no solo empobrece materialmente, sino que corrompe espiritualmente.
Murray Rothbard fue aún más tajante al denunciar el carácter inmoral del socialismo. En sus escritos, especialmente en La ética de la libertad, Rothbard denuncia que el socialismo es la negación misma del derecho natural. Según él, quienes lo promueven no buscan justicia, sino el saqueo institucionalizado. Rothbard subraya que el socialismo se basa en la envidia: el deseo de apropiarse del fruto del trabajo ajeno, disfrazado de altruismo y compasión. En lugar de dignificar al pobre, lo convierte en un instrumento para legitimar la violencia estatal contra el que produce.
Jesús Huerta de Soto, siguiendo la tradición misiana y rothbardiana, ha descrito al socialismo como una “enfermedad espiritual de la modernidad”. En sus conferencias y escritos, Huerta de Soto sostiene que el socialismo nace del odio a la libertad individual y de una actitud nihilista hacia la vida. Para él, detrás del ideal socialista se esconde un impulso destructivo, una voluntad de poder disfrazada de justicia social. El socialista, en su análisis, no quiere ayudar al pobre: quiere destruir al rico. El socialismo es, por tanto, una ideología de resentimiento, de rencor hacia el orden natural que emerge del libre intercambio entre personas libres.