Señor, no soy una dama de compañía. Soy una mujer, soy licenciada, soy empresaria, soy esposa y soy madre.
No le permito que me hable así a mí, ni a ninguna otra mujer. No somos accesorios, ni objetos, ni puede faltarnos al respeto, y menos de esa forma tan vulgar.
Hoy aprendí algo: “Antes de que Dios te suba de nivel, te mostrará el corazón de todos a tu alrededor, para que sepas a quién llevar contigo y a quién amar desde la distancia.”