Un sonido rasposo salió de ninguna dirección en particular antes su afirmación, mientras un pastel que era llevado por un mayordomo levitaba, antes de ser lanzado hacia arriba, y desapareciendo al son de un CRUNCH.
• Akari... Todo lo vivo es comida, como ese postre.
apretar, dejandoles un espacio para que se muevan.
• No, a otros directamente me los como, ¿Y tú, carne débil... O bueno, Akari?
Afirmó con un tono casi burlón, disfrutando de su inquietud.
• ¿Haber visto algo como él...?
Lentamente, solo dos figuras redondas, carentes de pupilas, surgieron de la nada, flotando en medio del aire con una aparente falta de base, y aunque estaban frente al Dios, era difícil saber hacia donde veían, porque carecían de movimiento.
• No, pero me imagino su sabor.
Colocó el filo contra el pecho de la criatura singular, antes de alejarse de golpe.
• Pero quizá este no sea el escenario propicio para una cacería. Ya hay demasiada comida aquí.
Dijo con un tono aparentemente despistado.
Seguía flotando con una tranquilidad aterradora, sin chocar contra nada. Tenía una percepción especialmente refinada sobre el espacio y de su propio cuerpo Pese a su tamaño. Cuando vió ese resplandor, soltó de manera automática a la contraria para evitar cualquier daño.
Cuando contempló al Gran Sinnoh, lo rodeó con agilidad, aunque segu8a siendo invisible.
• ¿Quién es tu amiguito?
Rozaba con sus zarpas el anillo del mini dios, lo suficiente como para incomodarlo, esa voz desagradable resonaba con un timbre que espantaba.
• ¿Esto es... Una fiesta?
Nunca había escuchado de ese concepto. Cuando ofreció su alimento, se vió dubitativo por un momento, antes de dejar caer su vestido y, casi como si fuera una cuchara, tomar el pastel sobre su arma biológica.
La acercó a su rostro, la olió, analizó con todos sus sentidos... Luego la dejó caer en sus fauces, con todo y plato.
• Pues no, de donde vengo no se hace esto... Pero creo que no está tan mal.
Se relamió las guadañas para consumir lo sobrante.
Se refería a chalecos de protección, pantalones gruesos y ropa difícil de cortar. La otra guadaña colocó en su mentón, como si pensara de la misma forma que lo hace un humano. Después, soltó una especie de gruñido, más de confusión que de desagrado, volteando a ver el área. (+)
Su guadaña era enorme, pero la manejaba con la calma de un bisturí, evitando hacer cualquier corte. Entendía, parcialmente, que las prendas eran algo valioso para los bípedos.
• Sí. Una vez conocí humanos que llevaban ropa gruesa con bultos y los defendía de mis ataques. (+)