Un candidato presidencial debería tener una experiencia mínima de 15 años en gerencia empresarial certificada con alto desempeño. No importa si es derecha o izquierda. Debería ser un requisito fundamental. El vice por lo menos 12 años, y así...
Frente a una campaña de fake news, nuestra defensa es la información.
Aquí aclaro cada una de las noticias falsas que salieron esta semana contra la campaña del Tigre Abelardo y nuestro plan de gobierno.
No se dejen engañar, somos la única fórmula con un verdadero programa en beneficio de los más vulnerables.
@ABDELAESPRIELLA
Por qué el respaldo de Trump sí importa.
A alguien le puede gustar Trump o no. Le puede parecer elegante o vulgar. Le puede parecer conveniente o inconveniente que opine sobre una elección colombiana. Incluso puede considerar que se trata de una intromisión. Pero la política exterior no se maneja con berrinches morales sino con sentido práctico. Y en términos prácticos, a Colombia le conviene tener una buena relación con Estados Unidos.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia. Es el destino de buena parte de nuestras exportaciones, una fuente central de inversión y el país con el que se conecta buena parte de nuestro sistema financiero. Para miles de empresarios colombianos, desde floricultores hasta cafeteros, textileros, bananeros y exportadores de servicios, la relación con Washington no es una abstracción geopolítica. Es caja, empleo, crédito, contratos y supervivencia.
Pero hay algo todavía más humano. Estados Unidos es el país donde viven más colombianos en el exterior y la principal fuente de remesas que recibe Colombia. Esas son el dinero que paga arriendos, mercados, matrículas, medicinas y servicios en miles de hogares colombianos todos los meses.
Por eso deteriorar la relación con Estados Unidos no tiene nada de valentía revolucionaria. Es poner en riesgo el ingreso real de millones de familias.
Venimos de un gobierno que llevó esa relación al peor punto en décadas. Un presidente sancionado por Estados Unidos, sin visa, incluido en listas de la OFAC y convertido en un problema diplomático para el país. Hasta ahora, por fortuna, las sanciones han sido personales contra Petro y su entorno. Washington ha castigado a una persona y a su círculo, no a 50 millones de colombianos.
Esa línea hay que defenderla porque puede romperse. Las sanciones personales pueden escalar a medidas que golpeen al país. Aranceles, restricciones de visas, travel bans, trabas financieras, obstáculos comerciales o limitaciones para bancos y empresas colombianas.
Y cuando eso pasa, no lo paga Petro. Lo paga el exportador de flores. Lo paga el caficultor. Lo paga el empresario textil (y sus empleados). Lo paga el estudiante que quería hacer una maestría. Lo paga la mamá que quería visitar a sus hijos en Miami. Lo paga el colombiano en Los Ángeles, Nueva York o Houston que todos los meses le manda plata a su mamá. Lo pagamos todos. Ahí está lo que realmente se juega el 21 de junio.
La pregunta relevante no es si Colombia debe aplaudir cada palabra de Trump, sino si queremos un gobierno capaz de reconstruir una relación estratégica con nuestro principal socio, o uno que profundice el choque ideológico con Washington hasta convertir a los ciudadanos en un daño colateral.
Cepeda representa la continuidad del proyecto de Petro y de una izquierda que lleva años mirando a Estados Unidos como enemigo político. Ese camino conduce al aislamiento, la desconfianza, las sanciones y el empobrecimiento.
El respaldo de Trump a Abelardo, entonces, es una señal que nos dice quién tendría, desde el primer día, un canal abierto con el país que más pesa sobre nuestra economía, nuestra seguridad, nuestra diáspora y nuestra estabilidad.
La soberanía no se ejerce peleándose por vanidad con quien te compra, te invierte, te financia y acoge a millones de tus ciudadanos. Se ejerce defendiendo el interés nacional con inteligencia.
@DaMedinaR@ABDELAESPRIELLA Pero como va a cambiar su forma de ser si ha manejado toda su campaña así, sería traicionar a lo que lo puso en esa posición
La izquierda se vuelve misógina si la mujer es de derecha, clasista si el pobre es de derecha, homofóbica si el gay es de derecha, racista si el negro es de derecha y fascista con todo lo que no sea de izquierda. La intolerancia no tiene ideología; tiene fanatismo.