— Si, con un gran placer diseñaria algo para usted.
Ya Zaina estaba anotando las medidas en su cabeza, pensando en patrones, diseños, colores, tenía muchas ideas revoloteando en su cabecita.
— Es hermosa, digna de ser admirada y me inspira a crear.
ㅤㅤ ❝ ¿De verdad? ❞
Puede verse como una mujer muy madura, pero... A cualquiera le dolería si le insultan de ese modo, y peor aún si es alguien que tiene tantos complejos como ella.
— Si, vivía en el Bosque Avidya. Mi familia es parte de los eruditos.
Observó los tatuajes con genuino interés, hasta estiró su mano para recorrer los tatuajes con sus dedos largos y delicados.
— Vaya, es una impresionante obra de arte.
—Ah, que coincidencia que no nos vieramos allá… asumo eres del bosque entonces.—
Se alzó un poco del agua a una podtura sentada, sus tatuajes resaltan lo obvio: es un eremita.
— El calor del desierto es más abrasador.
En sus viajes, había pasado por el desierto de Sumeru, quería sentir con sus propios sentidos el sol, aún cuando su padre la trato de loca.
— Soy de Sumeru señor, me encuentro de viaje buscando nuevas experiencias para mis creaciones.
—El calor definitivamente es muy distinto al del desierto, hasta podría decir que es cómodo…—
Peligrosamente cómodo, de hecho, le provocaba cerrar los ojos y quedarse flotando en el agua.
—Si puedo saber… ¿De dónde eres? No pareces local.—
—Es bienvenido profesor, las veces que usted desee.
Una sonrisa asomo sus labios, antes de acomodarse mejor, observando de refilón el perfil del erudito.
Se quedó en silencio un instante y... Pues, se dio la vuelta, tras suspirar un poco.
❝ Con permiso, entonces. ❞
Con decoro y algo de vacilación, entró a las aguas luego de remover sus ropas.
— No es nada, siempre es bueno conocer gente nueva.
Se relajo o eso intento, hasta relajo los hombros que no se había dado que tenía tensos, observó al rubio fijamente antes de sonreír cálidamente.
— Oí que estas aguas ayudaban a relajarse y es verdad.
—Muy amable…—
Escuchó que era descortés cubrirse a no ser que se estuviera enfermo, por lo que terminó revelando más, acostandose hasta que el agua le llegara al cuello.
—Mucho mejor…—
Dado que no está sólo…
—¿Que te trae a este lugar?—
Oh, entonces disculpe su ignorancia, no está acostumbrada a esas costumbres. Normalmente en su hogar, su baño era privado. Pero adelante, puede compartirlo con ella.
¡ME GUSTA METERME LA EMPUÑADURA DE MI MANDOBLE POR EL CU--!
-Y le sobró tiempo, dejó de tomar posesión del cuerpo de Kinich y lo dejó ahí, a la vista de todos, con esa posición ridícula-
El mejor trato de la vida.
-Sabe que pagará muy... MUY caro eso, pero lo vale-