Dios aprieta, puede apretar mucho, muchísimo, pero no ahoga. Cada día más convencida de lo mucho que me ampara. Cada día más segura de que todo lo bueno que me pasa no es casualidad, ni necesariamente porque me lo merezca. Él me da la fuerza para saber ver las
oportunidades.
Cada vez que tengo que pagar mis facturas y responsabilidades, doy gracias a Dios por permitirme cumplir un mes más. Te lo juro: ese dinero nunca ha faltado. Incluso cuando estoy en cero, Dios siempre me envía la forma de resolverlo.
Tengo que decir que la vida adulta me ha enseñado mucho: Por fin entiendo por qué tantos adultos dejan de publicar en redes sociales o incluso desactivan sus cuentas