A mi la vida me ha enseñado, que para aprender, hay que estar siempre dispuesta a dar tantos pasos atrás como sean necesarios para adquirir perspectiva. Y escuchar. También hacia dentro.
Suelten el miedo a la incoherencia, a cambiar de opinión, aceptar que nada es inmutable ni imperecedero. Las ideas cambian, las prioridades, el mundo en si mismo, y está bien.
Sanar también es soltar la esperanza de que algún día la otra persona entienda el daño que causó. Es dejar de esperar una disculpa o una explicación. Es aceptar que tu paz no puede depender de la conciencia de alguien más.