La plenitud, entre otras cosas, cómo no, consiste en saldar la curiosidad y caer en la tentación, formas posibles de acabar con el prurito del desasosiego. La curiosidad no resuelta suscita picazón en el alma; y no caer en la tentación es como implorar la concreción del fondo, la caída.
La educación es un acto de comunicación. El fin último de la educación es formar ciudadanos razonables, éticos, felices. Pero los educandos de nuestro sistema educativo no se transforman porque el discurso de una sociedad desigual, excluyente, inscrita en el sistema capitalista, donde el dinero se convierte en la base del éxito, es más abarcante y efectivo que el discurso de la educación. Los signos que emana el libre mercado, el consumismo, con los que nuestros estudiantes entran en diálogo, generan un interpretante alucinado en la mente de los jóvenes.
El esfuerzo del hombre desde tiempos inmemoriales por convertir la tierra en un cielo constelado del que nadie, ni siquiera el más desposeido, se quiere ir jamás.
Una derrota de la selección colombiana de fútbol me dolería por los colombianos pobres, que en medio de las afugias de un país turbulento se sumergen durante estos días en la corriente del mundial y se agarran al paliativo de una victoria, pero jamás por los aficionados de las gradas, que irrespetaron todo el tiempo al presidente de la República y le gritaron en estos días improperios a la familia de Gustavo Bolívar.
Los mestizos de América no solo constituimos un pequeño género humano, como nos catalogó Simón Bolívar, un fortuito y furtivo experimento racial, sino que somos para nuestro infortunio unos parias de la humanidad: ni blancos ni negros ni indígenas. De ese desarreglo genético y cultural nos viene en parte el subdesarrollo que nos emsombrece y nos condena a la desgracia. Nos falta mucho para alcanzar una identidad propia que nos haga dignos de este mundo, orgullosos de lo que somos, sin el complejo ancestral de postrarnos ante lo foráneo.
El fútbol, digamos la verdad, es un deporte superficial, esquemático, un frenesí orgásmico, vaivén sudoroso. Su carácter masivo se debe a eso, al hecho de que el gol, después de un constante ir y venir, como en una cópula, representa la explosiva eyaculación de la victoria.
El fútbol, digamos la verdad, es un deporte superficial, esquemático, un frenesí orgásmico. Su carácter masivo se debe a eso, al hecho de que el gol, después de un constante ir y venir, como en una cópula, representa la explosiva eyaculación de la victoria.
El fútbol, digamos la verdad, es un deporte superficial, esquemático, un frenesí orgásmico, vaivén sudoroso. Su carácter masivo se debe a eso, al hecho de que el gol, después de un constante ir y venir, como en una cópula, representa la eyaculación de la victoria.
Los mestizos de América no solo constituimos un pequeño género humano, como dijo Simón Bolívar, un fortuito experimento racial, sino que somos para nuestro infortunio unos parias de la humanidad: ni blancos ni negros ni indígenas. De ese desarreglo genérico y cultural nos viene en parte el subdesarrollo que nos emsombrece.
Los colombianos merecemos saber qué país se le entrega al entrante gobierno. Es conveniente que se televise el empalme. De acuerdo con el presidente @petrogustavo .
Imagino que la suspensión de ataques obedecía a acuerdos con tal de empezar negociaciones de paz. La historia de la humanidad está apuntalada de acuerdos de paz. Los únicos que quieren derrotar belicosamente al enemigo son los guerristas colombianos, pero enviando a los hijos de los pobres a la guerra.
El deber del próximo Gobierno no puede ser otro que proseguir la lucha contra la corrupción y el esfuerzo de achicar la desigualdad social y reducir la pobreza en un país tan asimétrico como Colombia, como lo venía haciendo el anterior. Lo apenas razonable.
Decidí no ver más noticias. Me duelen. Ahora las cosas suceden sin mi concurso y todo lo que de ellas se dice, las noticias, pasan sin tocarme y van a parar al basurero del pasado, al olvido. Me dedico a cultivar mi jardín, como lo quería Voltaire.
@lasillavacia Petro y Cepeda son hombres serios, honestos. Dejemos tantas injurias y esperemos el filo del presente. Petro y Cepeda seguirán hasta la muerte en la lucha contra la desigualdad social y la pobreza. Ahora sus ideas se someterán al contraste y brillarán.
En Suiza la tasa de suicidio es más alta que en Colombia. Suena increíble que en un país solvente como Suiza, cuyos quesos son apetecibles, la mayor causa de muerte sea el suicidio. Y la explicación quizás sea la línea recta de la perfección, la monotonía sin escaramuza de una forma de vida donde todo está resuelto de antemano, como si ahí no existiera la alegre búsqueda de la solución. En Colombia, en cambio, los problemas nos llueven por doquier. Un plomero nuestro, por ejemplo, se pone a salvo del suicidio porque todas las nañanas, sin cinco en los bolsillos, sale de su casa en busca de la milagrosa maraña; la incertidumbre lo carcome, pero en cada paso su existencia se colma con la tensa expectativa, invocando la llegada de la solucion, lejos de la sombra, deseoso de luz. La necesidad de volver a ser feliz de nuevo nos salva.
Uno se alegra por la victoria de nuestro candidato porque ve en en esa victoria la oportunidad real de que nuestras ideas llegarán al poder para transformar la realidad. La política significa transformar, el arte de hacer felices a los pueblos, como decían los griegos. Ganar una Presidencia de la República implica asumir una responsabilidad. Si la alegría surge porque con la victoria de nuestro candidato le va ir a uno en particular bien, se trata de una elegía envenenada, sin ética. La política es un poder social.
Hay una victoria que se debe enmarcar para la historia: la de un pueblo agradecido que luchó con amor para llevar a Cepeda al poder frente a una campaña poderosa movida por el dinero a raudales y por los barones electorales de las regiones. El Caribe colombiano, donde la victoria fue rutilante, siempre se ha caracterizado por amar la vida.
Es razonable, constitucional, esperar los escrutinios electorales para establecer los resultados definitivos. Lo más probable es que se encuentren irregularidades en el preconteo. Suele suceder.