Seguimos haciendo historia 💙🗳🇸🇻
Que las grandes transformaciones sigan 🗳🗳🗳
Yo ya voté por nuestro Presidente @nayibbukele 🇸🇻🗳💙
@nuevasideas 💙 @XZablah 🗳🗳🗳
🚨😱 ¡POR FIN! ASÍ LUCE POR DENTRO EL NUEVO ESTADIO EL SALVADOR, QUE YA ALCANZA EL 50% DE AVANCE
Las imágenes que muchos estaban esperando ya están aquí. 👀🏟️
Junto al diplomático de la @EmbajadaChinaSV, @ZhangYanh, recorremos cada detalle de una infraestructura que ya registra un 50% de avance en su construcción y que está llamada a convertirse en un nuevo símbolo para el país. 🇨🇳🇸🇻
🏗️ Graderíos, estructura, áreas internas y espacios clave comienzan a tomar forma en una obra que destaca por su magnitud y diseño.
🔥 Descubre cómo luce actualmente este megaproyecto que promete marcar un antes y un después para el deporte salvadoreño.
▶️ Dale play y acompáñanos en este recorrido exclusivo.
💬 ¿Qué es lo que más te impresiona del nuevo Estadio El Salvador?
🩺🏥 Para el comunicador @tuiterolobato, el nuevo Hospital Rosales representa mucho más que una infraestructura de salud: es una muestra de una gestión que apuesta por resultados tangibles y obras de gran impacto para la población salvadoreña.
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El proyecto ocupará únicamente el 30% del terreno; el 70% restante será destinado a una amplia área verde, ecológica y de convivencia para las familias salvadoreñas, marcando un hito en el desarrollo sostenible de El Salvador.
La cooperación entre China y El Salvador sigue convirtiéndose en desarrollo, inversión y obras para el bienestar de los salvadoreños. 🇨🇳🇸🇻
El área para la construcción del nuevo CIFCO ya ha sido definida y es importante aclarar que no se moverá ningún árbol más en la zona.
CUANDO SE ACABA EL NEGOCIO DEL MIEDO, APARECEN LOS CRÍTICOS
Durante años, El Salvador fue señalado como uno de los países más peligrosos del mundo. No era un titular exagerado ni una narrativa construida desde afuera: era la realidad cotidiana de millones de salvadoreños. Vivíamos bajo la sombra del miedo, con la incertidumbre instalada en cada salida de casa, en cada trayecto al trabajo, en cada despedida familiar que bien podía ser la última. La violencia no solo arrebataba vidas, también robaba sueños, oportunidades y dignidad.
Hubo un tiempo en que el país parecía resignado a esa realidad. Las pandillas no solo controlaban territorios, sino también la vida de la gente. Extorsionaban, asesinaban y decidían quién podía vivir y quién no. Era, sin exagerar, un estado paralelo que había secuestrado a la nación. Y en medio de ese caos, también surgieron sectores que, de una u otra forma, se acomodaron a esa dinámica. Algunos lucraban política, mediática o económicamente del dolor ajeno.
Por eso, aunque suene duro, no sorprende que todavía exista una minoría que, consciente o inconscientemente, añore ese pasado. Un pasado donde el desorden era rentable para ciertos intereses. Donde la inseguridad generaba protagonismo, financiamiento y poder. Donde el miedo era utilizado como herramienta política.
Pero ese país quedó atrás.
La llegada del Presidente Nayib Bukele marcó un punto de inflexión en la historia reciente. Su apuesta por la seguridad no fue tímida ni complaciente. Fue directa, firme y, sobre todo, respaldada por una población cansada de vivir de rodillas ante el crimen. La implementación de medidas contundentes contra las pandillas transformó el panorama nacional. Hoy, los salvadoreños pueden caminar con mayor tranquilidad, los negocios operan sin la sombra constante de la extorsión y las comunidades han recuperado espacios que por años estuvieron secuestrados por la violencia.
Decir que “de la seguridad no se come”, como lo han expresado algunos actores políticos, no solo refleja desconexión con la realidad, sino también una peligrosa indiferencia hacia el sufrimiento histórico del pueblo. La seguridad no es un lujo ni un accesorio: es la base sobre la cual se construye todo lo demás. Sin seguridad, no hay inversión. Sin seguridad, no hay empleo. Sin seguridad, no hay desarrollo posible.
Hoy, El Salvador vive una nueva etapa. Y como todo proceso de cambio profundo, también enfrenta resistencia. Han surgido nuevos críticos: algunos políticos tradicionales, organizaciones con agendas cuestionables y ciertos medios de comunicación que parecen más interesados en defender narrativas que en reconocer transformaciones. Sus discursos, en muchos casos, parecen más alineados con la defensa de quienes violentaron la ley que con las víctimas que durante años clamaron justicia.
No deja de llamar la atención que haya voces que pidan abiertamente la liberación de personas vinculadas a estructuras criminales. ¿Dónde queda entonces la memoria de las víctimas? ¿Dónde queda el derecho de los salvadoreños honrados a vivir en paz? La justicia no puede ser selectiva ni acomodarse a intereses particulares.
El país que hoy se construye no es perfecto, pero es innegablemente distinto. Es un país que ha decidido romper con el ciclo de violencia y apostar por el orden, la seguridad y la dignidad. Y eso, aunque incomode a algunos, representa una victoria colectiva.
Los verdaderos protagonistas de este cambio no son los discursos políticos ni las cifras frías, sino la gente: el vendedor que ya no paga extorsión, la madre que puede ver a sus hijos jugar en la calle, el joven que ahora tiene opciones más allá del miedo. Son ellos quienes validan, día a día, que el rumbo tomado ha sido el correcto.
El Salvador ya no es la capital del crimen. Es, cada vez más, un símbolo de lo que puede lograrse cuando un país decide enfrentarse a su realidad sin miedo. Y aunque aún hay retos por delante, una cosa es clara: retroceder ya no es una opción.
LA NUEVA HISTORIA DE EL SALVADOR
Durante décadas, la seguridad fue la gran deuda histórica del Estado salvadoreño. Gobiernos pasaron prometiendo soluciones que nunca llegaron, mientras las pandillas se apoderaban de comunidades enteras, imponiendo su ley desde la extorsión hasta la muerte. Hoy, ese capítulo está cerrado, y no por casualidad, sino por una decisión política firme.
Este domingo 22 de marzo no fue un día más. Con su cierre, El Salvador acumula 17 días sin homicidios en lo que va de marzo de 2026, según datos de la Policía Nacional Civil. Pero el dato que marca un antes y un después es aún más contundente: 1,170 días sin muertes violentas desde el inicio de la gestión del Presidente @nayibbukele.
Esto no es solo una estadística; es el resultado de una estrategia clara, sostenida y respaldada por un enfoque de Estado que priorizó la seguridad como base del desarrollo. La articulación entre el Gobierno y las fuerzas de seguridad ha permitido recuperar territorios que por años estuvieron bajo el dominio del crimen.
No hace mucho, los salvadoreños vivíamos bajo el constante asedio de las pandillas. La “renta” era una obligación impuesta con violencia, y la vida misma dependía de obedecer reglas criminales. Hoy, esa realidad ha sido desplazada por una nueva dinámica: comunidades en paz, comercios activos y ciudadanos que vuelven a apropiarse de sus espacios.
Este cambio también tiene una lectura política clara. Cuando hay voluntad, liderazgo y decisión, los resultados llegan. La seguridad ya no es un discurso, es una política pública efectiva que está transformando la vida de millones.
El Salvador no solo ha reducido la violencia, ha redefinido su futuro. Y en ese camino, la paz deja de ser una promesa para convertirse en el nuevo estándar nacional.
🇸🇻 “Ya no hay zonas prohibidas”: afirmó el Presidente @nayibbukele. El Salvador rompe el miedo, suma 1,110 días sin homicidios y recupera esperanza. — @tuiterolobato.
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Los datos de @cidgallup solo confirman lo que vemos todos los días en las calles, en los parques llenos de familias y en los rostros tranquilos de nuestra gente, nuestro Presidente @nayibbukele sigue contando con el respaldo de 9 de cada 10 salvadoreños. 🇸🇻
Hace seis años llegó con una visión clara y una aprobación del 70 %. Hoy, después de transformar la seguridad, devolver la esperanza y abrir oportunidades que antes parecían imposibles, su apoyo creció hasta convertirse en uno de los mandatarios mejor evaluados de todo el continente.
Este nivel de confianza no se compra ni se improvisa, se gana con resultados, se sostiene con trabajo, se fortalece cuando la gente siente en su propia vida el cambio.
Porque cada mamá que hoy camina tranquila, cada joven que vuelve a soñar con un futuro aquí, cada barrio que recuperó su libertad… es parte de esta historia.
Y desde nuestro espacio político seguimos acompañando este rumbo, defendiendo los avances y trabajando para que este país nunca vuelva atrás.
#ElSalvador decidió vivir sin miedo, vivir con dignidad y seguir construyendo futuro y ese camino lo seguimos recorriendo juntos.
DIOS UNIÓN LIBERTAD 🇸🇻
Hoy hace 10 años, el 30 de noviembre de 2015 a los 70 años de edad, se fue al cielo Don @ArmandoBukele, un hombre ejemplar, piadoso, empresario, científico, filósofo, académico y líder religioso musulmán, fué un hombre muy inteligente, trabajador y carismático, profundamente comprometido con #ElSalvador, quien destacó por su entrega al país en diversos ámbitos, su pasión por el conocimiento y la publicación de libros.
Padre de nuestro Presidente @nayibbukele, Don Armando fue una figura influyente en su vida, transmitiéndole valores como la ética del trabajo, la responsabilidad y el compromiso con la comunidad, su ejemplo y enseñanzas continúan vivos en las políticas y visión del gobierno de su hijo, quien sigue promoviendo los principios que su padre le inculcó.
Siempre en nuestros corazones 🤍🕯✨️
Me recordó a ese diputado que ahora se rasga las vestiduras por las pensiones… las mismas pensiones que ellos mismos se robaron por décadas. Y todavía tiene el descaro de decir que “ya no se van a pagar”. 🤣
Un disparate más de la oposición contra quienes reconocen el nuevo El Salvador
Las declaraciones de Ronald Umaña, proponiendo declarar “personas no gratas” a artistas que elogian la transformación del país, solo confirman el nivel de resentimiento con el que ciertos sectores siguen viendo el progreso de El Salvador.
No es Juan Luis Guerra el problema.
No son los artistas.
El problema es que el mundo entero está reconociendo lo que ellos negaron por años: que El Salvador cambió.
Hoy vienen cantantes, empresarios y turistas porque ven un país seguro, ordenado y lleno de vida. Eso no es propaganda, es realidad.
La oposición, incapaz de admitir sus errores históricos, ahora quiere silenciar incluso a quienes solo dicen la verdad. Quieren callar al mundo porque ya no pueden ocultar su fracaso.
Hoy, esas voces del pasado ya no engañan a nadie. El pueblo salvadoreño abrió los ojos. Y aunque ellos griten, critiquen o inventen historias, la realidad es más fuerte que sus ataques: El Salvador está avanzando, está cambiando y está despertando.
Y lo estamos haciendo juntos, con esfuerzo, con trabajo y con una fe enorme en que lo mejor todavía está por venir.
¿Quiénes son los únicos que se molestan? Los mismos de siempre. Los que se hicieron amigos de los enemigos de la gente honrada. Los que negociaron con nuestra sangre para mantener sus privilegios. Los que entregaron barrios enteros y abandonaron a las familias salvadoreñas. Los que se enriquecieron mientras el país se hundía.
Y todo esto es solo una parte del nuevo El Salvador. Porque hay carreteras, infraestructura, orden, inversión, turismo, cultura… hay progreso. Hay un país que por fin camina hacia adelante.
En salud también se está haciendo historia. La telemedicina, que antes sonaba a algo lejano o de países desarrollados, hoy es una realidad para miles de salvadoreños. Es un avance que nos coloca en otra liga, que nos demuestra que este país sí puede aspirar a más. Que sí podemos soñar en grande, y que esos sueños se están volviendo verdad.
Pero la transformación no se detuvo ahí. En educación estamos dando un salto enorme, un cambio que nunca antes se había visto.
Con el programa Dos Escuelas por Día, se están construyendo y renovando centros educativos a un ritmo que parecía impensable. Y no solo se trata de edificios nuevos: se está levantando un sistema educativo que devuelve dignidad, valores y oportunidades reales a nuestros niños y jóvenes. Estamos sembrando futuro.
El Salvador está viviendo un momento histórico. No es exageración, es la verdad que cada familia siente en su día a día.
Hace unos años, hablar de seguridad era casi un sueño imposible. Hoy, lo que se logró en este país no tiene comparación en ninguna parte del mundo. Lo que antes era miedo, hoy es tranquilidad. Lo que antes era oscuridad, hoy es esperanza. Y eso, para cualquier salvadoreño, vale más que mil discursos.
Hoy nuestro país alcanza 1050 días sin homicidios desde que el Presidente @nayibbukele asumió en 2019. Un logro que, para quien no vivió y sufrió la oscuridad de aquellos años, puede parecer solo una cifra; pero para quienes crecimos entre el miedo, los toques de queda y la impotencia de perder vidas inocentes, representa un verdadero milagro nacional.
En 2015 llegamos a tener una tasa de 103 homicidios por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del planeta. Vivíamos atrapados en un espiral de muerte y desesperanza, donde soñar con un país en paz parecía una utopía lejana.
Pero todo cambió. Con decisiones firmes, con un liderazgo valiente y con un pueblo dispuesto a creer, El Salvador resurgió.
Mientras gran parte de América Latina sigue siendo golpeada por la violencia —donde incluso países hermanos enfrentan asesinatos no solo de civiles sino también de altos funcionarios y el crimen domina las calles—, El Salvador brilla como un faro de paz en medio del caos.
Hoy caminamos libres, seguros, con la frente en alto.
Porque alcanzar esta tranquilidad no fue fácil, ni gratis: tuvimos que llorar demasiado, aprender de la tragedia y decidir que nunca más viviríamos con miedo.
Ahora somos ejemplo, la paz que muchos desean y que pocos creyeron posible.
El Salvador es prueba viva de que cuando hay visión, amor por la patria y voluntad política, los milagros se hacen realidad.