Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
La urgencia femenina de empatizar con tu mamá cuando creces.
Empiezas a verla como mujer y no solo como mamá, tratas de compensar por las veces que fuiste mala y dura con ella y empiezas a considerarla un ser admirable, volviéndose así tú mejor amiga.