@Kaptain_Europe@brivael Andiamo anche un po' oltre... Quando la colonizzazione di questa nuova super specie (dotata di una super intelligenza e di un super corpo) sarà completata, perché dovrebbe mantenere in vita la nostra specie inutile e obsoleta? Penso a mio figlio di 2 anni e rabbrividisco.
No les alcanzó con ver una inflación de 100.000% anual
No les alcanzó con ver al 90% de la gente viviendo en la pobreza
No les alcanzó con ver a la gente vendiendo sus propiedades a 5.000 dólares para irse del país
No les alcanzó con ver a millones cruzando en las fronteras a pie
No les alcanzó con ver tanques pisando manifestantes
No les alcanzó con ver gente colgando asesinadas en centros de tortura
No les alcanzó con estar sentados en su living y la comida calentita se las traiga un ingeniero venezolano en bicicleta
No les alcanzó ver 3 elecciones robadas no reconocidas internacionalmente
No les alcanzo los miles de asesinatos y desaparecidos por el regimen
No les alcanzo ver al pueblo venezolano feliz de que una fuerza extranjera entre a liberarlos
El zurdo siempre va a encontrar una vuelta literaria para negar la realidad frente a sus ojos y no reconocer vivir del lado del mundo equivocado.
@silvanascricci@IstLiberale No, è Bs As dove vivono più di 300.000 venezuelani che sono scappati via dalla dittatura di Maduro. (Si stima che 8 milioni di venezuelani sono fuggiti dal venezuela). Quindi cerca di gioire, mia cara gattara
@ElianaCere@IvanDuboisok Eliana, no se entiende lo que aplaudis. Lo primero que tendrías que hacer si se impone el islam es taparte en los videos que producis. Y lo segundo, dejar de producirlos. Te falta mundo. Unfollow
@zulemitamenem@GordoDan_@agustinromm Si querés te puedo documentar con datos como tu religión esta cambiando para peor el continente en el que vivo en este momento. No me la cuentan, la veo a diario. Generalizar es justo y necesario en este caso.
El éxito ideológico de la izquierda estriba en sus ínfulas de superioridad moral. En efecto, a través de su hegemonía en la prensa, las aulas y los espacios culturales, lograron convencer al imaginario colectivo de que sus ideales políticos constituían el reflejo de posiciones morales elevadas.
Así, decidieron que la tendencia del hombre a perseguir sus fines privados equivalía a despreciable “egoísmo”, ante el que ellos oponían un “altruismo” purificado de todo resquicio de individualidad y de interés propio.
A la tendencia natural del hombre a reconocer jerarquías, admirar la excelencia y recompensar el mérito, la izquierda la calificó de “elitismo”, y le opuso la “equidad”, que castiga al mejor y subvenciona al peor en nombre de una falsa igualdad.
A la tendencia histórica del hombre a integrarse en agrupaciones nacionales y proteger sus patrias, la calificaron de “xenofobia” y “chauvinismo”, y le opusieron las exigencias globalistas, fundadas en el “amor universal”, que propugnan abrir indiscriminadamente las fronteras.
A la tendencia ética de buscar la justicia retributiva, por medio de la cual el hombre justo desea castigar a quien comete un delito, opusieron la supuesta “compasión” por el criminal, al que hicieron beneficiario de una concepción “redistributiva” de la riqueza: en virtud de su carencial material, el victimario fue convertido en víctima en un abrir y cerrar de ojos.
A la naturaleza biológica del sexo, la conceptuaron como “patriarcal”, “heteronormativa” y “cisnormativa”, y le opusieron la “liberadora” autopercepción de género, ante la cual toda realidad pierde consistencia y objetividad.
Estas ideas pretendidamente “morales” generaron resultados desastrosos. Y fueron desastrosos precisamente porque aquellas eran, en realidad, profundamente inmorales.
Así, por vía de lo primero destruyeron toda creación de riqueza, expulsaron al capital y multiplicaron la pobreza. Por medio de lo segundo, destruyeron los incentivos al esfuerzo, degradaron la educación y convirtieron la mediocridad en virtud cívica. A través de lo tercero, disolvieron las identidades nacionales, dejaron entrar a la roña proveniente de países horribles y aterrorizaron a los locales. En virtud de lo cuarto, multiplicaron los crímenes, los delincuentes ganaron en libertad, y los justos perdieron en tranquilidad. Finalmente, como consecuencia de lo quinto, destruyeron la verdadera identidad sexual, mutilaron sexualmente a los niños y hasta llegaron a justificar la pedofilia.
Ya no se trata de decir que los ideales de la izquierda son bondadosos pero no funcionan. La verdad es exactamente la opuesta: precisamente porque son moralmente perversos, producen catástrofes cada vez que se los pone en práctica.
No era “altruismo”: era colectivismo.
No era “equidad”: era “solidaridad” a punta de pistola.
No era “amor universal”: era disolución de la patria.
No era “compasión”: era impunidad para el delincuente.
No era “liberación sexual”: era negación de la realidad biológica.
Por eso, la batalla decisiva no es solo política, sino moral y semántica: hay que destruir el relato edulcorado de sus palabras, porque mientras sus eufemismos sigan pareciendo virtuosos, sus prácticas destructivas seguirán pareciendo justificables.
Decían que Milei es cruel. Que no tiene empatía. Que carece de sensibilidad social. E, incluso, dijeron que miente con el INDEC. Sin embargo, bajó la pobreza como nunca antes (en cualquier medición que tomen)...
Lo que pasa en San José 1111 no es política:
es un yo desbordado que se resiste a su propio final.
Freud lo explicaría como una desmentida feroz:
si sigo actuando como líder, entonces no estoy presa.
El yo inventa una escena para no quebrarse.
Lacan lo afila más:
“El sujeto necesita la mirada del Otro para existir.”
Por eso recibe economistas, militantes, curiosos.
No son visitas: son espejos.
Migas de poder.
Gotas de legitimidad.
Oxígeno simbólico para un narcisismo que no tolera el silencio.
Porque el problema no es jurídico, es narcisista.
No duele la prisión:
duele la invisibilidad.
Duele no ser el centro.
Duele no mandar.
Y en esa fragilidad aparece la nueva coartada: lawfare.
El nuevo disfraz.
Antes fue “proscripción”, después “persecución”,
y ahora “lawfare”.
Siempre la misma melodía:
si la Justicia me toca, la culpa es de la Justicia.
La foto, entonces, no es recuerdo.
Es barricada simbólica.
Una dosis de mando imaginario para no sentir la caída.
Y la paradoja perfecta es verla hablar de “Modelo Económico Nacional”
mientras enfrenta una demanda para devolver
$684.990.350.139 al Estado.
Casi 685 mil millones.
Un Everest judicial que no desaparece con selfies.
Mientras los tribunales cuentan números,
ella se retrata hablando de macroeconomía.
La que no puede explicar esas cifras pretende explicar cómo arreglar el país.
La economía del yo funciona así: cuando la realidad se derrumba, se postea.
Y cuando el relato se agota,
se inventa un enemigo:
la Justicia.
Pero la verdad, cuando llega, no se negocia.
Y la caída, siempre, siempre llega.