Nunca nos subestimó. Nos habló en lunfardo de cosas complejas y con palabras pretenciosas contó secuencias de esquina. Hizo bailar a los filósofos y leer a los ladrones.
A mi el Indio me lleva a mi infancia cuando mi papá lo escuchaba y los dos cantábamos y yo no entendía ni un poco lo que querían decir sus canciones pero disfrutaba tanto ese rato con mi viejo. Mi papá sabía que no entendía nada y me decía “ya lo vas a entender, quédate tranquila”. Y así fue, crecí y no solo lo seguí escuchando sino que entendí. Gracias Indio, gracias.
Cuando t vas me paso el tiempo esperandote
No puedo dejar de pensarte to el dia mujer
Tengo un porrito esperando a que vos llegues
Para que entre risas me cuentes como te fue
La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.