Vivimos en un mundo donde se juzgan a las prostitutas, pero no a sus clientes; a las madres solteras, pero no a los padres ausentes; a las víctimas de violación, pero no a los violadores; a los que denuncian, pero no a los que encubren.
En fin, hipocresía pura y dura.
Pasar tiempo sola, me hizo darme cuenta de que yo no quiero un novio; yo quiero un hombre comprometido con su crecimiento, que yo admire enormemente, que sea honesto, priorice la lealtad, quien me haga sentir cuidada, amada y que comparta mis valores y metas.