Le salió un inminente escalofrío tras sentir los cálidos labios del más alto sobre su cuello. No se lo impidió, pero tampoco estaba conforme con lo empalagoso que era.
Y aún así, muy en el fondo, necesitaba un mínimo de contacto físico de vez en cuando. ‘No te pases…’
Incluso luego de unos minutos, al hacer contacto con él nuevamente; su piel estaba fría.
El instinto mismo, la respuesta innata, hizo que abarcara tanto como sea posible: su torso sobre la espalda, los brazos alrededor de sus hombros. Inclinó su rostro y besó su cuello de cisne.
Al recostarse sobre él, buscó su brazo al tomarle de la muñeca para que le arropara por encima de los hombros, manteniendo sus párpados cerrados.
‘…Quédate así.’
Estaba perdido en los pensamientos: la agenda, las entrevistas, las fotos... todo lo que haría en el santo día. Todo eso se rompió como un enorme cristal cuando escuchó la voz de Sonic.
Sin mediar preámbulo, se inclinó para recostarse encima suyo: Sonic era frío y suave.
Sentía como que le faltaba ese calor que desprendía el cuerpo de Suiryu cuando estaba pegado a él. Abrió un único párpado, mirándolo de reojo ahí alejado.
‘Ponte a mi lado.’ Mandó de forma adormilada.
Suiryu estaba sentado en la orilla de la cama, rascándose la nuca cuando sintió la cama crujir.
Volteó la vista y miró a Sonic darse vuelta.
Pero si era un privilegio mirarlo de esa forma, una escultura esculpida perfectamente.
— compañero, pero tuvo que romper la unión para respirar y recuperar el aliento perdido.
Obligándole a permanecer a un palmo de su rostro, tirándole de los mechones rubios en su dirección. ‘¿Piensas que esto es un juego…?’
La excitación crecía por cada segundo que besaba los labios ajenos y rozaban ambos cuerpos a pesar de llevar los trajes, las ganas de quitárselo no faltaban.
Hasta él se estaba quedando sin aire y eso que ni siquiera quiera quería mostrar debilidad alguna ante su antiguo —
Y la reacción no se hizo esperar en absoluto:
Ante ese inminente roce como respuesta, inclinó con más ahínco su cuerpo; los metales de ambos cuerpos se rozaban los unos con los otros, esa fricción acompañaban las respiraciones coladas.
Sus flecos rubios caían como cascadas.