Un hombre que realmente quiere construir un hogar pone siempre como prioridad a la mujer que eligió para formarlo. Ni amigos, ni familia, ni fiestas, ni terceras personas.
No hay persona más cobarde y egoísta que aquella que no tiene el valor de hablar claro, y solo deja que la otra persona se haga un desastre emocional intentando entender el desinterés y decidir si seguir ahí o dejarlo todo.
Ninguna mujer te va a dejar por un error, porque todos somos humanos y nos equivocamos. Si te dejaron es porque ese error lo convertiste en un hábito y cuando se repite varias veces ya no es un error, es una decisión.
Todo hombre quiere una mujer que le brinde paz. Hasta que comprende que la paz no se exige, se construye.
Y esa paz depende, en gran medida, de cómo la trates, de cómo la cuides y de lo que la hagas sentir. Porque ninguna mujer puede ofrecer calma si tú eres la tormenta que perturba su vida.