@ghvstcr -- parecida que ocultara otra cosa que no fuera engaño. ¿Quién era aquel extraño?
Dio una vuelta con elegancia, digna de quien posee la habilidad de la danza, y volvió a acercarse al contrario. Al oírlo hablar tan sugerentemente no pudo evitar enarcar su ceja con verdadera --
@ghvstcr -- persona… —Detuvo su hablar de repente, entornando ligeramente la mirada al verlo chequear su reloj—. ¿Tienes otro lugar en el que estar, Ambrose? Porque, sí, es una bonita noche. Pero la fiesta aún no acaba. ¿Has olvidado nuestro trato?
@ghvstcr -- información: si aquel sujeto se tomaba las molestias de mentirle, era porque algo ocultaba. La intriga le hizo apretar el agarre en el hombro masculino.
—Qué conveniente —respondió, intentando mantener la sonrisa—. Pensé que se encargaría de los arreglos él mismo en --
@ghvstcr -- mes y, por supuesto, debía mandar a su mejor redactora. —Su voz era suave y lo suficientemente baja como para que únicamente su compañero pudiera oírla—. Mi turno, 𝘈𝘮𝘣𝘳𝘰𝘴𝘦. ¿Qué sabes de Barnaby Willink? Creí que podría encontrarlo aquí, pero nadie lo ha --
@ghvstcr -- demasiado. Sólo necesitaba una distracción creíble. Luego, condujo las manos impropias hacia sus caderas y lo acercó por los hombros hasta quedar hasta escasos centímetros de distancia. No tardó en comenzar a balancearse al ritmo de la música.
—Puedes llamarme Lex —le --
@ghvstcr -- de chismes en los periódicos escribían acerca de las celebridades. Sin embargo, se puso de pie, dejando su vaso sobre la barra y una generosa propina para el cantinero—. Lástima —dijo, tomándole de la muñeca para guiarlo entre la gente—, quería conocer ese balcón.
@ghvstcr -- fiesta. No podía desaprovechar semejante oportunidad.
Una única comisura se alzó juguetona.
—¿Temes que la gente te vea hablar con una chica misteriosa? —lo molestó con aires divertidos, implicando que sabía de primera mano lo que las revistas para mujeres y las columnas --
@ghvstcr -- mentiroso. ¿Así que de dónde podía conocerla? Alexa esperaba, por su propio bien, que de ningún lado. Pero decir algo parecido sólo la haría ver sospechosa. En cambio, apretó los labios y acabó formulando una sonrisa casi maliciosa.
—Te diré algo, niño bonito. Tú empiezas --