Ley de Tierras
¿Qué efectos económicos puede generar que un ciudadano extranjero compre tierras en la Argentina?
El vendedor recibe dólares. Si esos fondos ingresan al país, representan una entrada de capitales.
Luego el vendedor puede utilizarlos para comprar o construir una vivienda, adquirir un automóvil, invertir en bonos, acciones u obligaciones negociables, depositarlos en el sistema financiero, financiar una empresa o iniciar un emprendimiento. Cualquiera de esas alternativas puede contribuir a la inversión, el crédito, la producción o el empleo.
La operación también amplía la liquidez del mercado y permite que la tierra pase voluntariamente a manos de quien más la valora. No sabemos de antemano qué uso le dará: puede destinarla a producir, desarrollar una actividad turística, construir, conservar un paisaje o preservar ecosistemas y especies. El valor no es únicamente productivo en el sentido comercial.
¿Qué efectos tiene sobre la soberanía?
Ninguno. El comprador extranjero no puede llevarse la tierra: el territorio continúa siendo argentino y permanece íntegramente sujeto a la Constitución, las leyes, los impuestos y la jurisdicción de nuestros tribunales.
Un extranjero puede utilizar esa propiedad en las mismas condiciones que un argentino: ni más ni menos. Para el resto de la sociedad, que el propietario se llame Juan o John no modifica la soberanía nacional.
Esto es distinto de cualquier acuerdo mediante el cual el Estado conceda privilegios jurisdiccionales, inmunidades o excepciones al cumplimiento de la legislación argentina. Allí sí podría existir una cesión o limitación efectiva de soberanía, como ocurrió con las concesiones otorgadas en torno a las bases chinas.
La ley de tierras les molesta a los mismos que permitieron que Lázaro Báez comprara más 400 mil hectáreas en el sur con guita del choreo y a los mismos que ayudaban a los falsos mapuches a usurpar media patagonia.
San Martin cruzó Los Andes con 39 años para luchar contra España. Y la letra de la Marcha de San Lorenzo se escribió en 1907. Se van todos a la concha de su madre. No puedo más.
hay algo para lo que no estamos listos y es que el miercoles el enanito que usa la 10 al menos una vez va a agarrar la pelota en mitad de cancha, va a mirar fijo a los defensores y lo va a intentar. y a medida que se saque tipos de encima a mi me va a ir bajando la presión
@BocaJrsOficial
Váyanse todos a la concha de su madre, los jugadores, el hijo de mil putas y ex ídolo de Román y los seca nucas de los barras chupa vergas de la dirigencia. Arruinaron al club más grande de América, hoy somos menos que Atlanta.
La economía argentina estuvo tanto tiempo dependiendo de la emisión y subsidios que muchos confunden “consumo artificial” con actividad real.
Si para vender necesitabas imprimir sin respaldo, no crecías: era una ilusión.
Hoy la economía empieza a moverse sin ayuda del estado. Eso vale oro
SOBRE LOS “PERIODISTAS”
Hay un fenómeno muy recurrente en los periodistas argentinos, o entre aquellas personas que dicen ejercer el periodismo, que es que ante la primera crítica que reciben acusan censura y violaciones a la libertad de expresión. Déjenme decirles un par de cosas así saldamos esta discusión.
En primer lugar nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy. Un error que suelen cometer los periodistas es creer que libertad de expresión significa decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia. Eso no es libertad de expresión. La libertad exige responsabilidad. Reclamar un supuesto derecho a poder decir lo que se les antoje sin consecuencias es reclamar el privilegio de poder seguir viviendo en la torre de marfil en la que vivieron durante muchos años. Sin embargo, la Argentina de los privilegios de ha terminado. Todos debemos hacernos responsables de nuestros actos. Hoy les toca enfrentarse a un ciudadano que llegó a Presidente y no le debe nada a nadie más que cumplir el mandato de cambio que nos dio el país, y que no tiene miedo de decir un par de verdades incómodas aunque a muchos privilegiados les duela.
En segundo lugar, en un mercado verdaderamente libre, sería la propia sociedad la que se encargaría de limpiar el sistema mandando a la quiebra a aquellos medios que publican falsedades, operaciones e injurias de manera constante, porque la gente no es idiota, a diferencia de lo que algunos medios creen. Pero el sistema de medios en Argentina no es libre. En tanto y en cuanto la mayoría de los medios de comunicación sigan viviendo de la pauta oficial de algún gobierno subnacional ya que nosotros hemos eliminado la pauta, los mecanismos de corrección del mercado no funcionan ya que se sostienen artificialmente al servicio del interés de algún político. Es exactamente lo mismo que sucede con las empresas que subsisten gracias a la prebenda estatal y reclaman poder seguir cazando en el zoológico.
En esencia, lo que la mayoría de los periodistas reclaman no es libertad de expresión. Es poder vivir sin hacerse cargo de las consecuencias de las cosas que dicen y que encima la factura la pague el pagador de impuestos. Privilegios y pauta. Ese es el verdadero reclamo de algunos periodistas.
Quiero que sepan que mientras nosotros tengamos el honor de seguir conduciendo los destinos de nuestro país, no van a obtener ni privilegios ni pauta (al menos no de nuestra parte). Vamos a contestar cada una de sus mentiras, de sus operaciones y de sus injurias, y tendrán que hacerse responsables de las cosas que dicen como cualquier ciudadano de a pie.
Se acabó la Argentina con ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Todos somos iguales ante la ley, todos debemos hacernos cargo de nuestras acciones y de la misma manera que los empresarios tienen que aprender a competir en una economía cada día mas abierta, los periodistas tienen que aprender a hacerse cargo de sus palabras.
VIVA LA LIBERTAD CARAJO...!!!
Un ejemplo burdo de lo que es Argentina
3 compran una torta y 7 se suman a comer de la misma sin aportar un peso, de arriba
Cuando se van cortando las porciones, los 7 que no pusieron un $ para comprar la torta, empiezan a quejarse y decir mi porción no es tan grande como la del resto.
Vivimos en un país donde muchos decidieron no aportar, pero a la hora de reclamar exigen más que los que aportaron y viven diciendo que es injusto, cuando lo injusto es que reclamen más que la gente que aporto 30 años de su vida.