Mary Edwards Walker es la única mujer de la historia que ha recibido la Medalla de Honor, la máxima condecoración militar de Estados Unidos. Se la dieron en 1865 por operar heridos bajo el fuego enemigo. Se la retiraron en 1917 y ella se negó a devolverla. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
@Fafi_MMM@Pedro_Torrijos Así te ves por un partido de fútbol que no te aportó nada, ya que hoy vas a seguir con tu vida tal y como estaba antes solo que odiando a alguien que no conoces. @Pedro_Torrijos va seguir haciendo su vida igual pasándose por los 🥚🥚 tú comentario, porque se la soplas.
@bcnrockfest me prohíben la entrada del carro, a la vez que entran otros padres con el. Nos dicen que están prohibidos por normas de seguridad, igual que las sillas. Ayer si que pude entrar, hoy no. Alguien me lo explica? O es que nos ha tocado el segurata tonto?
@paulambda@Farmaenfurecida@sanidadgob No, es algo más bien genético y del desarrollo. Solo que cuando estás embarazada no puedes comer casquería, no solo por riesgo vírico, bacteriano y parasitario, si no por la gran acumulación de vitamina A, que afecta a nivel cerebral y cardíaco, no al pene, del bebé.
@MrFreaki Los que dicen lo del neopreno, lleva puestos los escarpines encima de una tabla de madera. Ella está mojada, el neopreno está mojado, todo está mojado 🤷
#ESCORPIO. Elige con calma las oportunidades que se te van a presentar, guiándote siempre por tu certera intuición. Estás viviendo un momento intenso, especialmente en temas afectivos y económicos. #Mercurio favorece la comunicación y las negociaciones.
La noche del 21 de agosto de 1986, los habitantes de una aldea africana cayeron fulminados mientras dormían. No hubo explosiones ni sangre, solo una niebla que aniquiló a 1.746 personas y miles de animales. Se le conoce como el incidente del lago Nyos. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
@pararapapa_1 Me puedo poner en la situación de tu pareja, porque me pasa mucho (procastino el estudio, en principio de estar con mis hijos aunque no haga nada 🤣), pero yo no le echo la culpa a mí marido, entiendo que es mí problema no estudiar. Eso sí, él me va diciendo que me centre 🤣
@Pedro_Torrijos Com estudiante de nutrición, que hizo un trabajo sobre la historia de la cerveza y su relación con la evolución de la humanidad, me ha encantado! Jajajjajaja.
Te dejo esto para que lo disfrutes! Aunque en castellano es más pegadiza 🤣
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El otro día alguien escribió que yo podría escribir el listado de ingredientes de una caja de cereales y le resultaría fascinante.
El problema es que mis cereales son 100% avena, así que no hay mucho donde rascar, pero he encontrado la información nutricional y, amigos, allí estaba el universo entero apretujado en un recuadro de bordes redondeados, allí estaba la cifra. Humedad Máxima: 12%
Doce por ciento.
Máxima.
Paraos en esa palabra, máxima, que es palabra de cumbre, palabra que decreta y que rebana, que lleva una toga muy negra y un mazo muy pequeño, y pensad en el comité, porque ha tenido que haber un comité, un cónclave de ingenieros agroalimentarios reunidos hacia 1987 en una sala con paneles de formica color salmón, en algún polígono de Tarancón o de Alcalá la Real, fumando Ducados de los buenos y discutiendo durante seis sesiones consecutivas si el umbral debía ser el 11 o el 13, hasta que el más viejo del comité, un tal Don Heliodoro que había hecho el doctorado en Wageningen y tenía una hija casada con un alemán, golpeó la mesa con la palma abierta y dijo doce, doce y se acabó, y el doce quedó grabado en el reglamento como queda grabada una constelación en el cielo, arbitraria y eterna.
Pero la avena que cruje en mi cuenco a las ocho y media de la mañana, entre leche desnatada de la marca del Ahorra Más —Alipende— no empezó siendo doce. Esa avena fue agua, fue lluvia atlántica cayendo sobre un campo de Palencia o de Soria, fue savia subiendo por un tallo fino y verde que temblaba con la brisa más pequeña, fue grano húmedo, todavía un poco vivo, hasta que alguien la cosechó y alguien la trilló y alguien la metió en una secadora industrial a setenta grados durante no sé cuántos minutos para arrancarle el agua a tirones, hasta dejarla en el doce. La avena del cuenco es una avena que ha perdido algo y no lo va a recuperar nunca. Una avena viuda.
Y debajo de la avena viuda, debajo de ese crujido que es el crujido de un esqueleto pequeñísimo, está la historia de la civilización. Porque esa cuchara que tú levantas distraídamente mientras miras el móvil contiene un campo de Castilla del Pleistoceno, un mamut perplejo, una era glacial entera congelada y descongelada y vuelta a congelar, un molino harinero del XVIII con su rueda de piedra que chirriaba movida por un Manzanares todavía caudaloso —sí, hubo un Manzanares caudaloso, lo hubo, creedme—, un siervo asturiano del siglo XII con las manos llenas de astillas, una abadesa cisterciense que escribió un tratado sobre las gachas, un barco de vela que cruzó el Atlántico en 1847 con un cargamento de avena escocesa hacia Filadelfia, un sanatorio adventista en Battle Creek (Michigan) regentado por un tal John Harvey Kellogg que creía firmemente que el sexo era malo y los enemas buenos, una fábrica de copos en Battle Creek inaugurada en 1906 por su hermano menor Will Keith, que era el espabilado de la familia, un anuncio de la WCCO de Minneapolis en la Nochebuena de 1926 con cuatro hombres a capela —un enterrador, un alguacil, un impresor y un empresario— cantando que el trigo es el mejor alimento del hombre, un barco de la ayuda americana llegando a Cádiz en 1953 con sacos de harina y de avena estampados con el apretón de manos del Plan Marshall, y finalmente el camión frigorífico de un proveedor extremeño bajando por la A-5 a las cuatro y media de la madrugada con los faros amarillos atravesando la niebla de Talavera.
Todo eso. Todo eso está en la cuchara.
Y encima de todo eso, flotando, está el doce por ciento. La frontera. El límite por debajo del cual el cereal sigue siendo cereal y por encima del cual se vuelve otra cosa que ya no sabemos nombrar (¿papilla?, ¿nostalgia?, ¿pasta?). Don Heliodoro lo decretó y nosotros desayunamos en su honor, todos los días, sin saberlo, levantando la cuchara como quien levanta una copa.
Salud, Don Heliodoro.
Que tu doce dure mil años.