A mí dame al intenso, al que si no sabe nada de ti te llama, al que te vio ayer, pero te abraza como si no te hubiese visto en días, al que te recuerda siempre que te ama, al que te incluye es sus planes, ese me gusta a mí, no el desinteresado que te hace dudar si te quiere
Besos en la frente.
Mano en la cintura.
Mano en la pierna.
Coqueteo mutuo.
Caballerosidad.
Tiempo juntos.
Hacer fotos.
Complicidad.
Exclusividad.
Deep talks.
Confianza.
Conexión.
Llamadas.
Atención
Iniciativa.
Respeto.
Madurez.
Sonrisas.
Detalles.
Cariños.
Lealtad.
Flores.
Amor.
Después de tanto caos, uno lo entiende:
Merecemos amores que nos ofrezcan un lugar seguro para pensar, sentir y ser con todo lo que nos habita. Porque amar no es solo "querer", es saber sostener la complejidad del otro sin intentar simplificarla.
No hay nada más atractivo que la coherencia interna.
Quien actúa de la misma forma que piensa mientras es fiel a sus valores consigue, sin ninguna pretensión, generar un magnetismo personal superior a cualquier atributo externo.
Cualidades trabajadas que embellecen y mucho.
Echar de menos a alguien que te importa cuando no está no es dependencia emocional. Preferir los momentos y experiencias en compañía no es dependencia emocional. Tener miedo a perder a una persona no es dependencia emocional. Y que tu estado de ánimo cambie en función de quienes están cerca de ti, tampoco. Hoy en día imperan discursos que llevan a luchar en contra de la propia naturaleza. Y anhelar compartir la vida no significa estar roto. Más bien, creer que esto es un problema, es la prueba de estar en un sistema que sí que nos rompe