Cuando mis letras ya
no se lean,
cuando mis manos no
escriban ya, poemas
atardecidos,
o mi alma duerma un
sueño desconocido,
llorarán mis ojos tristes
lágrimas anochecidas,
elevaré manos al Dios
del cielo,
rogándole entre sollozos
devuélvame tu amor
bonito,
ese que un día me dió.
Recuerdo ese momento
inolvidable, cuando todo
mi mundo se oscurecía y
una sonrisa tuya junto con
algunas palabras de ternura
elevaron mi corazón y mi alma.
El primer suspiro de los dos,
de nosotros, lleno de miradas.